Sigo siendo una experta en perder el tiempo. O lo que la mayoría cree que es eso. A mi nunca me lo parece. No hago del todo las paces con el deber. Siempre creeré que hay ciertas cosas recuperables y otras que no. Son justo ahí. Y no se volverán a repetir. El humo sale del cigarrillo de papá, pero nunca vuelve a entrar. Por eso las elijo antes.
Venía a contar que sonrío. Creía que me caería por la cuerda del trapecista. Pero desde lo alto pude escuchar al público vitorear que había llegado al otro extremo.
Que sonrío. Que tengo una fiera que al parecer me acompañará hasta firmar mi madurez. Y que la presencia de muchos destroza las teorías cristianas de la existencia de un cielo. El mío está aquí. Con ellos. Supongo que esconderán sus alas bajo la ropa interior.
¿Living is beautiful o me lo parece a mí?
Se me olvidaba, muy feliz 2012. Ahora sí.
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Intenté escapar de las palabras. Quería crecer. Tal vez lo haga con ellas. O tal vez agarre la mano de Peter para siempre.
No aguanté. No sé si ellas me pertenecen o yo les pertenezco a ellas. Me tienen calada.
martes, 24 de enero de 2012
martes, 3 de enero de 2012
Capacidad pulmonar. Y el accidente del Ferry
Me da igual que no creas. Me da igual que no me conozcas. Yo tampoco creo. Yo tampoco me conozco. Pero reza. Por favor. Reza. Por ella. Por mí.Por todos nosotros. Por no ser Meredith Grey en el agua. Reza. A tu dios. Jesucristo. Alá. Dioniso. Iniesta. Eminem. O Javier Ibarra. Me da igual como se llame. Pero reza.
Practicaré todo lo que me enseñaste.Recordaré todas las noches en que lo hacíamos juntas. No quiero echarla tanto de menos como te echo a ti. Y no creo que tú quieras tenerla de compañia por esos lares. Ella es mi razón de mi Noviembre dulce. Y tú por la que es triste. Le amo y le odio. Ya lo sabes. Habla tú con quien quiera que mande por ahí. Ayúdame.
Me moriré. Me desintegraré sin ella. Me moriré. Seré una buena chica. Más aún. Puedo serlo. Lo prometo. Seré una buena chica. Seré una buena chica. Por favor. Lo seré.
Seré una buena chica. Lo prometo. Lo seré.
Mañana será el primer día del resto de mi vida.
Practicaré todo lo que me enseñaste.Recordaré todas las noches en que lo hacíamos juntas. No quiero echarla tanto de menos como te echo a ti. Y no creo que tú quieras tenerla de compañia por esos lares. Ella es mi razón de mi Noviembre dulce. Y tú por la que es triste. Le amo y le odio. Ya lo sabes. Habla tú con quien quiera que mande por ahí. Ayúdame.
Me moriré. Me desintegraré sin ella. Me moriré. Seré una buena chica. Más aún. Puedo serlo. Lo prometo. Seré una buena chica. Seré una buena chica. Por favor. Lo seré.
Seré una buena chica. Lo prometo. Lo seré.
Mañana será el primer día del resto de mi vida.
domingo, 1 de enero de 2012
Mi reina. Y mi ruina
"De nuevo me sentí helado por la sensación de lo irreparable. Y comprendí que no soportaría la idea de no oír nunca más su risa. Era para mí como una fuente en el desierto"
Eso me pasa. Cambia risa por ronroneo.
Estaba escribiendo algo bonito. Positivo. Quería escribir mi necesaria balanza. La que hago cada año. Quería decirle al 2011 que le quería. Que le amaba. A pesar de los pesares. Mi año montaña rusa. Con caídas libres. Roces con el cielo. Loopings. Y vueltas. Pero siempre esa sensación. De querer repetirlo eternamente. Quería decir que al final siempre me quedo con lo bueno. Que la balanza había hablado por sí sola inclinándose descaradamente hacia lo incandescente. Como a mi tanto me gusta. Que cada año al fin y al cabo tengo la sensación de que es ese el mejor de mi vida. Y creo que eso es precioso. Imagínate cuando tenga 89. Pero no puedo mentir. Un sólo día puede cambiarlo todo. Y no recordaba esa clase de dolor. Mi puzzle. Ayer le dieron un golpe a mi puzzle.
He crecido mucho. Y por suerte no más de altura. La palmera que se dobla pero aguanta el huracán. En eso tengo que pensar. Porque sé que cuando algo se desea de veras todo el universo conspira. Soy una buena chica. El Karma no puede hacerme eso. Y le rezo a alguien en quien no creo como todos creen. Y le ofreceré promesas. Pactos. Y lo que sea necesario. Porque la necesito. Sé que no todos pueden entenderlo. No me preocupa. Nadie lo ha vivido. Nadie la ha tenido. Nadie sabe lo que es que te despierte cada mañana. Y mover las piernas cuando duermes y notarla ahí. Que tenga una pesadilla se meta contigo dentro de la cama y notarla contra tu barriga. Trece años conmigo. Desde los siete míos. Ella es mi infancia. Mi adolescencia. Y mi casi edad adulta. Ella soy yo. Me ha dado más lecciones que muchos ilustres. No existe el equilibrio si no la tengo a mi vera. Como ahora. La genética se lució. El genotipo y fenotipo perfecto. Y eso que no era ella a por quien fuimos. Luego quieren que no crea en el destino. Sé que no será inmortal. Ni yo tampoco. Pero ella es mi bicentenaria. Ambas lo seremos. Mi compañera de estudios. Mi hija. Mi hermana. Mi amiga. Y mi madre. Mi risa. Mi ternura. Y el amor de mi vida.
Aquí intercambiamos los papeles. Yo soy el animal. Y ella la persona. Yo soy la zorra. Y ella mi Principito.
No puedo decir feliz 2012. Todavía no puede serlo. Pero lo será. Lo será. Tiene que serlo. Y entonces volveré a contar [te,os] que no tengo propósitos de año. Pero quiero que mi máxima sea que nada es tan urgente, nena, nada tan importante, nada merece más la pena que el instante que tenemos delante y el siguiente y la oportunidad de hacerlo diferente. En esta casa somos chicas fuertes. Mucho. Ella lo es. Será nuestro Renacimiento.
Has colgado tu bandera traspasado la frontera, eres la reina. Siempre reinarás,siempre reinarás. No puedo vivir sin ti, no hay manera. No puedo estar sin ti, no hay manera.
miércoles, 28 de diciembre de 2011
La última copa. Y enchanté
Me dejaste a
medias. Me dejaste a medias calles y anécdotas. No me dejaste
hacer ni decir demasiadas cosas. Y demasiado siempre es demasiado para mí. No
pude decirte que no sólo me diste la sorpresa más bonita que me habían dado en
la vida sino que tú eras la sorpresa más bonita que me había dado la vida. Y
mira que la maldita ha sabido siempre donde darme. Se me ha llenado la boca de
vómito con extra de purpurina al escribir esto. No pude decirte que eras mi
seguro de vida. Nadie más podría haberme salvado de una parada cardíaca con su con[tacto].
Pude oír a tus manos mofarse de las palas del desfibrilador. 220, nena, ya
noto la corriente. Ahora andaré en riesgo continuo.
Joder, tus
manos. Podría haber escrito páginas sobre ellas.
No pude
contarte que te cargaste en una noche mi abstinencia de dormir acompañada.
Vuelvo a meter cojines en mi cama para poder conciliar el sueño. Ni gritarte que
la única manera en la que hubiera sido guapa sería con la cara sollá de
tus barbudos besos. Tampoco pude decirte que tenías razón cuando me dijiste que
no te tenía en cuenta todo lo que habías hecho. Me retumba esa frase en la
cabeza. Pero es que no me dio lugar a decirte que todos los ji, ¿no? y
los no sé eran síes, por supuestos y muchos estoyrendidahazconmigoloquequieras.
No quería asustar[me, te].No pude contarte que había ahorr-mang-ado para coger
la primera nave y descubrir más de ese iceberg que eres. Mi imaginación estaba
preparando un encuentro de los bonitos. De los que pasan a la historia de la
humanidad. O por lo menos a las batallas que mi chica del pelo de trigo les
contará a sus enanos. Esperaba que volvieses a preguntarme si quería volar. Ser
tu alumna aventajada en las clases de planeo. De tu boca saldrían todos los
pétalos que crees que necesito. Siempre me quedaré con las ganas de haber
conocido a la rebelde sin causa. Y mejor en invierno. Con los pelicos tan
largos que no se le vean los ojillos. Creo que es la única que te tiene calado.
Y bueno, lo merece.
¿Sabes?
Estaba pensando en "y un beso de esquimal entre otros que no lo son
tanto" mientras me lo dabas. Recordé algo que había escrito sobre ti meses
antes pensando en el anterior. Joder, le diste vida a mi literatura. Fue
precioso.
Que mientras
tú no sabías como deshacerte de mi yo me estaba dedicando a escribirte entre
operaciones un cuento lleno de ventajas. Como el de Lucía y el sexo. Mi
primer escrito de más de una carilla. Algo con principio, nudo y desenlace.
Que había
demasiadas escenas de películas que quería recrear contigo. Hacerte mi Señor Quincampoix.
Con BSO incluida. Besarte como Evey Hammond. Ser Serah. Ponerme un bañador
negro y representar esa escena de Leaving Las Vegas. Y también el
momento de los regalos. Decidir entre los dos si soy Ana o la chica del final
de El lado oscuro del corazón. Creo que tengo más de Oliverio. Lavarte
como en Copying Beethoven. Reconocerte en otros cuerpos como en El
viaje de Chihiro. Responderte "porque todos los demás me aburren,
tú eres diferente" como Stephane en La ciencia del sueño si tú
me preguntas "¿por qué yo?". Que me dijeses como a Marla en El
club de la lucha eso de "me has conocido en un momento extraño de
mi vida". Ver todo caer con la tranquilidad de que tengo tu mano. La
misma que habría sentido al perderme contigo por todos los puntos geográficos
que dicen que existen. Todos esos puntos que siguen sin estar fosforitos en mi
mapa de viajes. La misma que habría sentido al hacer una ruta por el Reino
Unido para descubrir las yonosécuántas maravillas de Bansky. Acompañados
por mi no-orientación y tu despiste por naturaleza.
Perdernos en
tu Polo sin Norte ni Sur ni GPS. Allí nos tocaría hacer de Mi vida sin mí.
Poner Senza Fine y decirte que si no me besas me voy a poner a gritar.
Descubrir que cara pones al conducir. Hacerte rabiar cambiando canciones. O
ponerte la cabeza como un bombo con mis desafines. Aprender a enfadarte.
Causas. Efectos. Epidemiología. Y a deshacerlo con un movimiento. Sin fármacos.
Me quedaba también arrancarte una carcajada. No una sonrisa. Ni una risa a
medias. Carcajadas. Hacerte reír tanto que te doliesen las costillas. Y ser
consciente de que el kilómetro 0 está en tu garganta.
Quería
aprender tanto de ti. Más aún. Ya sabes que comenzaste a alimentarme desde el Big
Bang. Descubrirme hombres que cambian los días y la vida. También se aceptan
mujeres, ¿eh? Aprender a montar en bici. O a meter el culo en las cestas de Cruzcampo.
Y los patines. Encontrarnos en librerías desconocidas y salir con algún tesoro
no reconocido. Golpear las venas como tú lo haces. Bailar en la calle sin
música. Aprender a decir todo aquello para lo que nunca me instruyeron. Y a
pronunciar a la perfección esa palabra que tanto te gusta. Practicar lo que
aprendiese en clases de piano sobre tus costillas. Besarte debajo de la lluvia.
O bajo la alcachofa de la ducha. Lluvia artificial. Desnudos en la playa. O
vestidos en la bañera. Experimentar[te]. Demostrar científicamente si es
posible besarte con desgana. O saber cuántos capítulos de un libro te caben en
el cuerpo. Ver si se desgastan o se corren los bolígrafos al saber que te
transitarán. Me quedaron demasiados etcéteras que vivir[te].
A menudo
creo que los espías te tienen en un zulo. Y que no eran sino tipejos de
Coca-cola. Por eso que no paren de decir que hay razones para creer en un mundo
mejor. Y es que la vida es menos puta desde que me dijeron eso de "vengo a
hablar contigo porque me han dicho que eres una tía muy
interesante".
Sonríe chico guapo de la gorra. Que yo lo hago siempre que te cuelas en mi materia gris.
martes, 27 de diciembre de 2011
Borradores. Y limpieza
La ropa se me queda grande. Será que te echa de menos y
quiere que quepamos los dos dentro de ella. Mis huesos salen a
buscarte. Se ofrecen salientes por si naufragaste y necesitas que te
salve.
Aunque más bien soy yo la
que necesita el bote. Pero esto es como las circunstancias de Ortega y
Gasset.Si no las salvo a ellas no me salvo yo. Tú eres mis
circunstancias. Y Tú me salvas.
Sé
que hablo para mi sola. Para nada. Porque no (me,te) salvaré. Benedetti
estará contento. No me salvé. Ni ahora ni nunca. Tal y como él quería. martes, 20 de diciembre de 2011
Mala circulación. Y canela
Hoy me he levantado más zorra que de costumbre. En todos los sentidos. Animal instintiva. Promiscua.
Domesticada. El calendario me ha dicho que hace 75 días que tu paquete
estaba en mis manos. Hace 75 días que mis manos están heladas. Hace 75
días que mis dedos siguen llevando tu nombre cuando
desaparecen
entre mis piernas. Y
no puedes hacer nada para evitarlo. Ya se me pasará. Como todo. Como a
ti. Pero mientras tanto ahí estoy. Follándome a tu recuerdo. Me lo
follo. No le hago el amor. Eso lo reservo para ti. Sea ahora o dentro de treinta años. No sabes las lluvias tropicales que desencadenas en mi
imaginación. Así que figúrate. Tú. Que siempre acabas kilómetros por
delante de mis expectativas. A ratos te mando a mamarla. Y a ratos me
encantaría estar mamándotela. Y si no te
gusta, ¿sabes lo que tienes que hacer? Venir aquí y sacar mis manos de
mi entrepierna. Meter las tuyas. O tu cabeza. Te resguardaré del frío en
las orejas. O tu bajo ombligo que me desubica en el espacio y en el
tiempo. Enbestirme una y otra vez con tus neuras y vicios. Intentando
hacer que huya de ti. Arrancarme la ropa en tu lucha por sacarte de mi
perturbada mente. Desgastarme las articulaciones con la esperanza de que
te olvide después de saciar el mono.
Dame otro puto amanecer. De esos en los que
parece que estás dormido. Pero en cuestión de milisegundos te tengo
encima dándole los buenos días a todos mis sentidos. Incluso a los que
no existen. Incluso a los que tú inventaste.
lunes, 12 de diciembre de 2011
Hiperestesia. Y bipolares
Ojalá pudiera escribir. Pero hace tiempo que no le rezo a las palabras.
Me hicieron dejar de creer en ellas.
Ese. O. Ese.
Me hicieron dejar de creer en ellas.
Ese. O. Ese.
sábado, 19 de noviembre de 2011
De anónimos no alcohólicos. Y quirófanos
Desperezarme entre tus pies que aún andan calientes de humo y humor. Me
dejaste sin sábanas en un vuelco de mariposas. Quitarme las legañas en el
camino que emprendí a tientas entre tu tibia [lengua] y tu peroné [-cesito tu
saliva]. Hacer mi cuerpo cóncavo a tu rótula sin cabos. Como si te tuviera en
el planeta Venus. Entre [Para. Por. Según. Sin. Sobre. Tras].Mis piernas. Como
ves me aprendí bien las preposiciones. Ahora me tocan las proposiciones. Que me
perdone el dios conSIDArado por el pueblo porque escribo esto en la puerta de
una iglesia. Tampoco hay tanta diferencia entre nosotros. Ellos andan ansiosos
por comerse a cristo en hostias consagradas. Y yo ando a hostias por las horas
por no poder comerte. Que tú sí que eres sagrado. Pisar a fondo entre tus
muslos. Cambiaré a la marcha que decidas. Pero no me pidas que frene. Tengo
demasiados niños aquí delante como para hablar de donde quise aparcar y
tragarme las llaves. El sin vivir de tu bajo ombligo. Habrá que saltar
por el precipicio y comprobar si sabemos volar(nos). Que no los sesos. Si no
los sexos. Los nexos. Los plexos. Aunque tú y yo podríamos echar los polvos [de
estrella] con las mentes que quisiéramos. Y hacer que el eje de la tierra varíe
unos grados. Los mismos que nuestros cuerpos de temperatura.
Ando a susurros por tu abdomen para no despertarte. Siempre rodeando a tu ombligo por no caer en él y volverme tunombrecentrista. Me agarré a tus costillas flotantes pidiéndoles explicaciones de por qué precisamente me hacías sentir así. Surfeé entre tus cartílagos costales hasta llegar a tu esternón dónde la brújula me indicó el Noreste. Allí marqué tu suelo por si algún día tenía bandera. Me tumbé y aprendí que los Nocturnos de Chopin no tienen nada que hacer contra uno sólo de tus latidos. Y menos si el director de la orquesta hace comenzar a tocar a los instrumentos de viento [de tus inspiraciones y expiraciones]. El culmen de la obra será cuando rompan los de cuerda [de tu garganta] en mis oídos tardíos. Me deslicé por esos brazos que a veces no sientes tras derramar todo el alcohol de mis ojos borrachos. En tus metacarpianos me tartamudearon las piernas al recordar cómo te diste la vuelta y me pediste un abrazo. Entre tus dedos movimientos de ballet. Que me remordería la conciencia [y más te re-mordería a ti] dejar sin suministro eléctrico al resto de los perecederos. Y pensar que tocaron al dios de dioses y yo sin saberlo.
En el peregrinaje hacia tu garganta fui dejando migas de sonrisas. Por si algún día tenía que exiliarme de tu cuerpo. Ya sabes, debo tener de reserva. Que la patria se añora cuando está lejos. Me convertí en la estrella de mi circo haciendo equilibrios entre tus clavículas. Lo tenía fácil. La gravedad me lleva a ti por lo que jamás caería. Deseé terminar mi metamorfosis. Ya tenía alas. Pero joder, quería ser un maldito cisne. Olvidarme de las estaciones enredada en tu cuello. Avancé por tu nuez a besos ventosados. Lástima que no fuera digerible. Abrirse camino entre tu barba no fue fácil. Ese condenado carácter sexual secundario era para mí como un suelo de lejía para los gatos. Me dilataste las pupilas y los vasos sanguíneos pasos después de tu barbilla. Creí no poder salir de allí. Me sentí Mark Renton en la cama de su cuarto. Emergí de tu desem[boca]dura anclando tus comisuras en los pómulos donde caían las pestañas de mis deseos de aniversario. Fue un acto kamikaze hacerte sonreír. En tu nariz vivían un poblado de esquimales. Me dieron la bienvenida con abrigos cosidos con tu maldita dulzura. Me desvié del camino por un punto que siempre esperé que fuese Y seguido. Nunca aparte. Cuentan las leyendas que se llamaba lunar y que era el primero de muchos. Esa sería mi siguiente ruta. Y en el tobogán de tus pestañas me advirtieron el final que me esperaba. Yo no quería morir si no era con tus puñalás. De un salto me colgué del lóbulo de tus orejas para preguntarte porqué habías tardado tanto. En todos los sentidos. Como siempre. Tu pelo fue mi colchón y mis sábanas. Volví a conciliar. El sueño. Tu sueño. La vida. Mi vida.
Arrancaré los segunderos para hacerme agujas de tejer. Que toda esta mierda nunca fue menos mala como cuando te tuve en 120 centímetros.
Ando a susurros por tu abdomen para no despertarte. Siempre rodeando a tu ombligo por no caer en él y volverme tunombrecentrista. Me agarré a tus costillas flotantes pidiéndoles explicaciones de por qué precisamente me hacías sentir así. Surfeé entre tus cartílagos costales hasta llegar a tu esternón dónde la brújula me indicó el Noreste. Allí marqué tu suelo por si algún día tenía bandera. Me tumbé y aprendí que los Nocturnos de Chopin no tienen nada que hacer contra uno sólo de tus latidos. Y menos si el director de la orquesta hace comenzar a tocar a los instrumentos de viento [de tus inspiraciones y expiraciones]. El culmen de la obra será cuando rompan los de cuerda [de tu garganta] en mis oídos tardíos. Me deslicé por esos brazos que a veces no sientes tras derramar todo el alcohol de mis ojos borrachos. En tus metacarpianos me tartamudearon las piernas al recordar cómo te diste la vuelta y me pediste un abrazo. Entre tus dedos movimientos de ballet. Que me remordería la conciencia [y más te re-mordería a ti] dejar sin suministro eléctrico al resto de los perecederos. Y pensar que tocaron al dios de dioses y yo sin saberlo.
En el peregrinaje hacia tu garganta fui dejando migas de sonrisas. Por si algún día tenía que exiliarme de tu cuerpo. Ya sabes, debo tener de reserva. Que la patria se añora cuando está lejos. Me convertí en la estrella de mi circo haciendo equilibrios entre tus clavículas. Lo tenía fácil. La gravedad me lleva a ti por lo que jamás caería. Deseé terminar mi metamorfosis. Ya tenía alas. Pero joder, quería ser un maldito cisne. Olvidarme de las estaciones enredada en tu cuello. Avancé por tu nuez a besos ventosados. Lástima que no fuera digerible. Abrirse camino entre tu barba no fue fácil. Ese condenado carácter sexual secundario era para mí como un suelo de lejía para los gatos. Me dilataste las pupilas y los vasos sanguíneos pasos después de tu barbilla. Creí no poder salir de allí. Me sentí Mark Renton en la cama de su cuarto. Emergí de tu desem[boca]dura anclando tus comisuras en los pómulos donde caían las pestañas de mis deseos de aniversario. Fue un acto kamikaze hacerte sonreír. En tu nariz vivían un poblado de esquimales. Me dieron la bienvenida con abrigos cosidos con tu maldita dulzura. Me desvié del camino por un punto que siempre esperé que fuese Y seguido. Nunca aparte. Cuentan las leyendas que se llamaba lunar y que era el primero de muchos. Esa sería mi siguiente ruta. Y en el tobogán de tus pestañas me advirtieron el final que me esperaba. Yo no quería morir si no era con tus puñalás. De un salto me colgué del lóbulo de tus orejas para preguntarte porqué habías tardado tanto. En todos los sentidos. Como siempre. Tu pelo fue mi colchón y mis sábanas. Volví a conciliar. El sueño. Tu sueño. La vida. Mi vida.
Arrancaré los segunderos para hacerme agujas de tejer. Que toda esta mierda nunca fue menos mala como cuando te tuve en 120 centímetros.
domingo, 13 de noviembre de 2011
19 días. Y 500 noches
He vuelto a engañarme. Le di fin a esto porque no me parecía justo para nadie. Para ti. Para mí. Para mis órganos vitales. Pensé también que quizás si le quitaba la droga al yonki pediría explicaciones. Pero que va. Tal vez ni te diste cuenta de que cerré las puertas durante estos últimos y no tan últimos días. Pero ya sabes, me tienen calada. Leí una vez algo así como "Te escribo a ti, que no me lees". Bueno. Tú si me lees. Creo que siempre lo preferiste. Yo, si me permites, prefiero escucharte. En un radio de 3 mm si es posible. He ahí la razón de todo. Aquí la historia sería más bien "Te escribo a ti, que si me lees, pero callas" Y me odio por hacer esto. No quiero mendigar. Sí. Te dije que nunca necesitaba respuestas. Que me bastabas con ser. Y claro que me basta con eso. Tal vez porque sé que no te merezco. Que el karma sobrepasó sus límites conmigo al hacerte aparecer. Pero quiero hacerlo. Merecer.
Te. A ti. Contigo.
Quiero que me bastes con ser. Pero también con estar.
Ya no sé ni que decirte ni que soñarte para que no (te, me) olvide(s).
Para que me des la dirección de tu asteroide. Si no quieres bajar al planeta de acuerdo. Siempre he querido exiliarme.
Para que, como bien sabes decía Benedetti, un día cualquiera no sé cómo ni sé con qué pretexto por fin me necesites. Lo de quedarme en tu recuerdo creo que lo conseguí.
Te ofrecí construir un nuevo canal. Sin exclusas. Ni excusas. Que comunicase tu mirada atlántica con mi natural pacífico. Como en el final de El lado oscuro del corazón. Ese al que tú le pusiste bombillas. Tu señal fue rara. Con interferencias quizás. Quise compartir contigo el día de mi Valiente Veraz y Vengativo enmascarado. Te ofrecí mi calendario. Mis cuándos. Mis dóndes.
Ofrecí, me. Y no sé si se atascó tu cinta de cassette. Si saliste corriendo. Si lo tiraste todo al contenedor. O si tienes una madeja de lana en la cabeza de la que no encuentras el principio.
Si vas a desaparecer dilo. Dilo. Alto y claro. O con mesura y buena letra. Pero dilo.
Y llévate contigo los pactos con la CIA. Con Paulo Coelho. Y con Morfeo. Llévate las ambulancias. Los apellidos. La fórmula1. La lluvia. Llévate las F que quito de cualquier lugar. Las canciones que te toman por protagonista. Y los renglones de los libros en los que te encuentro durmiendo. Llévate las colonias de los grandes almacenes. La parcela 7. Los lugares donde te imaginé y apareciste. La parada del 13. Los cuartos ajenos que te dan contracciones. Las películas que tienen complots contra mí. Llévate la sonrisa inmaculada de ese que me mira desde mi escritorio.
Pero joder, quédate. En la forma que quieras. Que no sea de recuerdo. Ni de alucinación. No habrá adjetivos calificativos. Ni fotos. Nadie sabrá qué, cómo, cuándo ni dónde. Me estoy desintoxicando de esos mundos, ¿sabes? Estarías orgulloso de mi. Tendré que volver a Londres a mandar a la mierda al hindú si no apareces.
Dije que era incapaz de mentirte. Y bueno, en realidad no lo hice. Sólo no te lo conté. A mí también me das miedo. Me lo diste al día siguiente del número 27 cuando no dejabas de mirarme. Sentí miedo cuando supe que en poco tiempo ibas a cumplir dos años de vida. Me dio miedo pensar que no hubieras vuelto a nacer. Me da miedo escribir. Hablar. Contar. Agobiar. Desear. Soñar. Pensar. Extrañar. Todo terminado en te, ya lo sabes. Y sobre todo me dan miedo tus idas y venidas. Que te canses de mi enfermedad mental. Construir Everests de granos de arroz. Y que yo parezca la Penélope de Serrat en la estación de tren.
No sé. Hagamos un trato. Yo te ofrezco seis de mis siete vidas. Y tú, no sé. Podrías quedarte en ésta un ratico más a mi lao.
Te. A ti. Contigo.
Quiero que me bastes con ser. Pero también con estar.
Ya no sé ni que decirte ni que soñarte para que no (te, me) olvide(s).
Para que me des la dirección de tu asteroide. Si no quieres bajar al planeta de acuerdo. Siempre he querido exiliarme.
Para que, como bien sabes decía Benedetti, un día cualquiera no sé cómo ni sé con qué pretexto por fin me necesites. Lo de quedarme en tu recuerdo creo que lo conseguí.
Te ofrecí construir un nuevo canal. Sin exclusas. Ni excusas. Que comunicase tu mirada atlántica con mi natural pacífico. Como en el final de El lado oscuro del corazón. Ese al que tú le pusiste bombillas. Tu señal fue rara. Con interferencias quizás. Quise compartir contigo el día de mi Valiente Veraz y Vengativo enmascarado. Te ofrecí mi calendario. Mis cuándos. Mis dóndes.
Ofrecí, me. Y no sé si se atascó tu cinta de cassette. Si saliste corriendo. Si lo tiraste todo al contenedor. O si tienes una madeja de lana en la cabeza de la que no encuentras el principio.
Si vas a desaparecer dilo. Dilo. Alto y claro. O con mesura y buena letra. Pero dilo.
Y llévate contigo los pactos con la CIA. Con Paulo Coelho. Y con Morfeo. Llévate las ambulancias. Los apellidos. La fórmula1. La lluvia. Llévate las F que quito de cualquier lugar. Las canciones que te toman por protagonista. Y los renglones de los libros en los que te encuentro durmiendo. Llévate las colonias de los grandes almacenes. La parcela 7. Los lugares donde te imaginé y apareciste. La parada del 13. Los cuartos ajenos que te dan contracciones. Las películas que tienen complots contra mí. Llévate la sonrisa inmaculada de ese que me mira desde mi escritorio.
Pero joder, quédate. En la forma que quieras. Que no sea de recuerdo. Ni de alucinación. No habrá adjetivos calificativos. Ni fotos. Nadie sabrá qué, cómo, cuándo ni dónde. Me estoy desintoxicando de esos mundos, ¿sabes? Estarías orgulloso de mi. Tendré que volver a Londres a mandar a la mierda al hindú si no apareces.
Dije que era incapaz de mentirte. Y bueno, en realidad no lo hice. Sólo no te lo conté. A mí también me das miedo. Me lo diste al día siguiente del número 27 cuando no dejabas de mirarme. Sentí miedo cuando supe que en poco tiempo ibas a cumplir dos años de vida. Me dio miedo pensar que no hubieras vuelto a nacer. Me da miedo escribir. Hablar. Contar. Agobiar. Desear. Soñar. Pensar. Extrañar. Todo terminado en te, ya lo sabes. Y sobre todo me dan miedo tus idas y venidas. Que te canses de mi enfermedad mental. Construir Everests de granos de arroz. Y que yo parezca la Penélope de Serrat en la estación de tren.
No sé. Hagamos un trato. Yo te ofrezco seis de mis siete vidas. Y tú, no sé. Podrías quedarte en ésta un ratico más a mi lao.
miércoles, 12 de octubre de 2011
Paradas de autobuses. Y batallas ganadas
Sé que lo estabas esperando. Yo también. Tienes el dominio de mis dedos. En todos los sentidos que tú quieras darle. Me cuesta. Tal vez se me fueran las palabras entre tanto CO2 que me hiciste desprender. Llámame tonta. Lo merezco. Me estás volviendo rosa. Y vomito. Y si soporté más de 4462 horas no sé porque ahora no. Sigo preguntándome de dónde saliste. Si me robaron los moldes y te hornearon sin yo saberlo. Si viniste de algún minúsculo planeta vecino del asteroide B 612. ¿Qué mierda me habrás dado que me hace tan feliz?
Déjame construirme un hogar entre tus yemas. Besarte las manos hasta devolverles la sensibilidad. Si que seguimos siendo materiales conductores. Quiero declarar tu pecho el sitio para no dormir. Y aprenderme cada una de las sacudidas que haces mientras duermes. Sumergirme en tu cuello sin bombonas de oxígeno. Formar caminos en tus brazos. Que me lleven a ti. Que me devuelvan a ti. Que no tengan otra salida. Llenar mi maleta sólo con bolígrafos y sábanas limpias. Venderte mis temblores. Entintarme los ojos y la lengua. Escribir sobre Ti como mereces. Gustosa y literalmente. Encontrar abrigo en tu barba. Opiáceos en tu lengua. Practicar el canibalismo.Contraerme a tu ritmo. Convertirlo en el mío. Repetir tu nombre. Reirnos sin decir el porqué. Y que nos escuchen desde todas las habitaciones. Perder la identidad ante tu sonrisa. Ser feliz entre tus piernas. Desear que pierdas la ropa en medio de cualquier lugar. Y que todos queden enterrados entre ella. Que no nos miren. Sentarme cada día más cerca de ti. Domesticándome. Como la zorra que soy. Ofrecerte mis orejas aunque no agites el pañuelo. Pienso coser todos los accidentes geográficos. Las carreteras. Los ríos. Y las canciones de cassette. Convertir los kilómetros en tres paradas de autobús. O tomarme el "Bébeme" de Alicia para estar a dos pasos a tu lado. Quiero pasearla contigo. Acariciarla. Y no tener que andar esnifándome los juegos de cama en los que duermes.Guía mi mano de nuevo. Hacer una tesis sobre tu cuerpo. Descubir el sitio exacto del león.No dormir por no despertar. Tu acento en mis tímpanos. Comprender lo bonito de los ojos hinchados. Esperar impaciente el vibrar de tus cuerdas. Llenar los inviernos de besos esquimales. Correr(nos) sobre un reloj. Hacer que las agujas vayan al revés. Necesito tiempo. Para repetir(te). Vivir(te). Compensar(te).
Fúma(me). Bébe(me). Ponte ciego de mí.
Que yo ya oculto mis brazos para no enseñar las señales.
Déjame construirme un hogar entre tus yemas. Besarte las manos hasta devolverles la sensibilidad. Si que seguimos siendo materiales conductores. Quiero declarar tu pecho el sitio para no dormir. Y aprenderme cada una de las sacudidas que haces mientras duermes. Sumergirme en tu cuello sin bombonas de oxígeno. Formar caminos en tus brazos. Que me lleven a ti. Que me devuelvan a ti. Que no tengan otra salida. Llenar mi maleta sólo con bolígrafos y sábanas limpias. Venderte mis temblores. Entintarme los ojos y la lengua. Escribir sobre Ti como mereces. Gustosa y literalmente. Encontrar abrigo en tu barba. Opiáceos en tu lengua. Practicar el canibalismo.Contraerme a tu ritmo. Convertirlo en el mío. Repetir tu nombre. Reirnos sin decir el porqué. Y que nos escuchen desde todas las habitaciones. Perder la identidad ante tu sonrisa. Ser feliz entre tus piernas. Desear que pierdas la ropa en medio de cualquier lugar. Y que todos queden enterrados entre ella. Que no nos miren. Sentarme cada día más cerca de ti. Domesticándome. Como la zorra que soy. Ofrecerte mis orejas aunque no agites el pañuelo. Pienso coser todos los accidentes geográficos. Las carreteras. Los ríos. Y las canciones de cassette. Convertir los kilómetros en tres paradas de autobús. O tomarme el "Bébeme" de Alicia para estar a dos pasos a tu lado. Quiero pasearla contigo. Acariciarla. Y no tener que andar esnifándome los juegos de cama en los que duermes.Guía mi mano de nuevo. Hacer una tesis sobre tu cuerpo. Descubir el sitio exacto del león.No dormir por no despertar. Tu acento en mis tímpanos. Comprender lo bonito de los ojos hinchados. Esperar impaciente el vibrar de tus cuerdas. Llenar los inviernos de besos esquimales. Correr(nos) sobre un reloj. Hacer que las agujas vayan al revés. Necesito tiempo. Para repetir(te). Vivir(te). Compensar(te).
Fúma(me). Bébe(me). Ponte ciego de mí.
Que yo ya oculto mis brazos para no enseñar las señales.
domingo, 28 de agosto de 2011
Maullidos. Y bosquejos
Tengo una fiera que me mira desde el sofá con ojos de saber más de mi misma que yo. Tengo un tic-tac que me mata. Me ataca. Y me hace presa. Tengo un no sé que. Y un qué se yo. Tengo rotuladores en huelga hartos de subrayar apuntes. Y con ideas revolucionarias sobre el territorio de tu cuerpo. Tengo una duda resuelta. Y cuatrocientas noventa y nueve en vilo. Tengo un esqueleto de sueños que se articula si apareces. Tengo un cajón que nunca supe cerrar. Y 27 señales al día que me abofetean la cara. Tengo tres esperas. Y las orejas rojas sin besarte. Tengo un plan que nunca cumplo. Y una cornada de tiempo y estupidez en el costado. Tengo una contractura en la cara de tus señales de vida. Tengo una llamada sin hacer. Y un vestido de miedos que espero que desabroches. Tengo esto, lo otro y poco más. Y me sobra pa' darte. Tengo un colapso de palabras en mis arterias. Y un pellizco de ausencias. Tengo una nariz de payaso que saco a relucir si no me miras. Tengo un cuerpo de cariátide. Y un piano de debilidades. Tengo un billete del tren sin andén. Y un secuestro sin cometer. Tengo los ojos llenos de luz de imaginarte .Y tengo los ojos ciegos de no verte.
Tengo. Tengo tanto. Y tengo tan poco. Tengo un genotipo maldecido. Y un lustro de tontería.
Y por tener tengo una petaca guardada que espero que entiendas.
sábado, 16 de julio de 2011
Prisa en mis dedos. Y ron en mi garganta
La menta obstinada circula por las calles creyendo que los días se derriten sin control. Jamás tuve menos dominio de todo que ahora porque lo que fluye por mi sangre me domina. Suelto palabras sin mando. Algo que siempre quise hacer. Aunque yo quería tener presentes a las bailarinas de la marihuana. Esas que te envidian como dice Tayler Durden. Que no es el del club de la lucha. Si no un poeta. No tiene otro nombre. Mañana recogeré mis ilusiones para esparcirlas en campos de trigo. 31000 pies de altura nos dejarán fluir haciéndonos creer que estamos sobre bólidos en compañia del dios de dioses.No sé si beber me recuerda a ti o me acuerdo de ti cuando bebo. Pero lo de la lluvia si es verdad. Es respirar ese maldito olor que me encanta a tierra mojada y aparecer lo oscuro con peluca y tu boca.
Sonrío ante los días enturbiados. Eres tormenta.
Tú. Cuarenta veces tú. Se me olvida tu tamaño. Y tus andares. Pero no el campo eléctrico de tus manos. La manera de perderse sobre mí. Sonrisa incadescente en la penumbra. Tu pulgar de iones sobre mi labio. Tu manera de encadenar las palabras. De pronunciarlas. De conjurarlas. Hacen que mis oídos bailen en salones vieneses. ¿Qué principes de Disney ni que pollas? Tú.
Voy a nombrarte hasta desgastarte. Voy a explotar lo que creas. Voy a disfrutar de lo que liberas hasta que aparezca un dios más grande. Si es que lo hay. Voy a esnifarte antes de que te vayas.
Que no sé cuándo ni cómo te hiciste cargo de mis hilos. Funde la noche las estrellas con el estiércol de la ciudad. ¿Qué andarás haciendo ahora?
Sonrío ante los días enturbiados. Eres tormenta.
Tú. Cuarenta veces tú. Se me olvida tu tamaño. Y tus andares. Pero no el campo eléctrico de tus manos. La manera de perderse sobre mí. Sonrisa incadescente en la penumbra. Tu pulgar de iones sobre mi labio. Tu manera de encadenar las palabras. De pronunciarlas. De conjurarlas. Hacen que mis oídos bailen en salones vieneses. ¿Qué principes de Disney ni que pollas? Tú.
Voy a nombrarte hasta desgastarte. Voy a explotar lo que creas. Voy a disfrutar de lo que liberas hasta que aparezca un dios más grande. Si es que lo hay. Voy a esnifarte antes de que te vayas.
Que no sé cuándo ni cómo te hiciste cargo de mis hilos. Funde la noche las estrellas con el estiércol de la ciudad. ¿Qué andarás haciendo ahora?
sábado, 9 de julio de 2011
Lo que no. Y resaca
- Y tú, ¿en qué crees? ¿El karma?, ¿el devenir?, ¿el sino?, ¿el superhombre de Nietzsche?, ¿los principios bohemios?, ¿la suerte?
- No confío en los golpes de suerte
- ¿Eres de los que cree que la suerte se la busca uno mismo?
- Pienso que si eres un desgraciao morirás siéndolo por mucho que te lo den todo hecho. Y tú, ¿en qué crees?
- Me puse nerviosa mientras cantaban. Tenía que recordarlo. No sabía si invertirlo. Me centré en aquella llama y en recitar a Tayler Durden como si fuera un maldito conjuro:
Y mi deseo fue tu nombre. Tu nombre y todo lo que viene tras él. Te pedí a ti en todas las estaciones del año.
- No confío en los golpes de suerte
- ¿Eres de los que cree que la suerte se la busca uno mismo?
- Pienso que si eres un desgraciao morirás siéndolo por mucho que te lo den todo hecho. Y tú, ¿en qué crees?
- Me puse nerviosa mientras cantaban. Tenía que recordarlo. No sabía si invertirlo. Me centré en aquella llama y en recitar a Tayler Durden como si fuera un maldito conjuro:
Todas las estrellas fugaces andan hartas de escuchar
cada noche tu nombre de buenos días.
Eres famoso
entre las velas de cumpleaños
y los dientes de león
y las pestañas perdidas en las dunas de cualquier mejilla.
Y mi deseo fue tu nombre. Tu nombre y todo lo que viene tras él. Te pedí a ti en todas las estaciones del año.
domingo, 3 de julio de 2011
Zorras inmundas. Y zapatos que no calzan.
Otra vez necesito vomitar. ¿Tienes un oxímetro? Gracias. De nada. ¿Ves? Deliro. Y no precisamente bailando como el Sombrerero. Que también podría ser. Alicia era gilipollas. Y lo he escrito con elle no con mi amiga la griega, que me gusta mucho más. Era imbécil, que le vamos a hacer. ¿Te vas a venir al mundo real a montar una empresa con el amigo de tu difunto padre? ¿ Es que a caso tienes alguna cromosomopatía? ¡Estúpida! Decirle que no al Sombrerero...
Debería revisar mi saturación de oxígeno. Deben pensar que tengo alguna clase de desequilibrio emocional. Hablando con protocolos de educación, empatía, respeto y saber. Como a todos les gusta parecer que son. Sí. Creéis que estoy como una jodida puta cabra. Que esto no es normal. Pero sonreiréis y olvidareis que habéis leído esto. Vamos a lavarnos las manos. Y no para deshacernos de ti. Si no porque como todos sabemos es una medida básica de higiene fundamental en este mundo de mierda que oKupamos. Sí. Con K. Porque somos unos jodidos invasores. Me gusta escuchar a Hate cuando me siento así. Creo que acumula tanto odio y siente tanta pena por todo esto como yo. Me supera incluso. Y por eso me relaja.
Sé que cuanto más avanzas más te asustas. Sé que esperas que vomite arco iris como andaba haciendo últimamente pero no, gracias. Quiero precisamente eso. Que sientas miedo. Que te alejes. Más aún. Más. Que cojas un jodido taxi si es necesario. Toma un asqueroso fajo de billetes. Como diría mi amigo el Tote (nótese la ironía por lo de amigo): ¡Qué te pires, ostias!
¿No sientes miedo? ¿Aún no? Allá vamos.
Si saliera cualquier cosa de mi ático me quedaría sola. Absolutamente. Nadie querría sentirme en un radio de 80 km. Por eso soy tan egoísta e hipócrita que cual puta desgastada me lo callo y le como la cabeza al resto para que sean mejores personas. ¿Mejores personas? ¿Acaso hay de eso?
La idea de interrumpir mi vida de manera brusca e inesperada rondó mi cabeza cuando tenía once años. Tranquilo, nunca pasé del escalón dos. Sí, hablo del suicidio.
Cree mi propia escala del conocimiento durante mis estudios en el instituto. El punto más bajo mediocre. El más alto extraordinario. Yo estaba y sigo en el mismo lugar. Unos cuatro dedos por debajo del punto de la linea que marca mediocre.
No me importaría morir en un quirófano por una operación de estética. Me faltan dedos de las manos para contar todo aquello que me gustaría cambiar. Pero... en fin. Acabaría siendo una Barbie deforme. Me daría miedo y me cebaría a barbitúricos. Todos los caminos llevan a Roma.
Todo indica a que moriré de cáncer. No hablo con mi padre desde hace meses. Muchos. Y la razón por la que siempre, absolutamente siempre tengo el móvil en silencio es por el miedo a que me llame, lo escuchen y me obliguen a cogerlo. No quiero.
Soy mala. Mucho. En todos los sentidos que el diccionario de la RAE o más bien la SHU RAEH quiera contarte. Ahora. Ahora que estás pensando eso es el momento. Huye. Si es que estabas cerca.
Mientras tanto me haré un pandilla de amigos como la de Trainspotting. Será estupendo poder pinchar mi propia vena. Y en uno segundos llega. Ni todos los orgamos del mundo me harán sentir lo mismo. Una y otra vez. Hasta que la alfombra y el suelo se hundan conmigo. Y aparezca en el sótano. Allí donde todos guardan las chanclas que se te quedaron pequeñas. La mierda que a todos les da lástima tirar.
Ni siquiera sé lo que he escrito. No pienso revisarlo ortográficamente. Ni edulcorarlo. Ni volver a leerlo. Por eso se llama victorias y derrotas, ¿sabes? Victorias. Y derrotas.
Mucho mejor después de tirar de la cadena. Gracias.
Debería revisar mi saturación de oxígeno. Deben pensar que tengo alguna clase de desequilibrio emocional. Hablando con protocolos de educación, empatía, respeto y saber. Como a todos les gusta parecer que son. Sí. Creéis que estoy como una jodida puta cabra. Que esto no es normal. Pero sonreiréis y olvidareis que habéis leído esto. Vamos a lavarnos las manos. Y no para deshacernos de ti. Si no porque como todos sabemos es una medida básica de higiene fundamental en este mundo de mierda que oKupamos. Sí. Con K. Porque somos unos jodidos invasores. Me gusta escuchar a Hate cuando me siento así. Creo que acumula tanto odio y siente tanta pena por todo esto como yo. Me supera incluso. Y por eso me relaja.
Sé que cuanto más avanzas más te asustas. Sé que esperas que vomite arco iris como andaba haciendo últimamente pero no, gracias. Quiero precisamente eso. Que sientas miedo. Que te alejes. Más aún. Más. Que cojas un jodido taxi si es necesario. Toma un asqueroso fajo de billetes. Como diría mi amigo el Tote (nótese la ironía por lo de amigo): ¡Qué te pires, ostias!
¿No sientes miedo? ¿Aún no? Allá vamos.
Si saliera cualquier cosa de mi ático me quedaría sola. Absolutamente. Nadie querría sentirme en un radio de 80 km. Por eso soy tan egoísta e hipócrita que cual puta desgastada me lo callo y le como la cabeza al resto para que sean mejores personas. ¿Mejores personas? ¿Acaso hay de eso?
La idea de interrumpir mi vida de manera brusca e inesperada rondó mi cabeza cuando tenía once años. Tranquilo, nunca pasé del escalón dos. Sí, hablo del suicidio.
Cree mi propia escala del conocimiento durante mis estudios en el instituto. El punto más bajo mediocre. El más alto extraordinario. Yo estaba y sigo en el mismo lugar. Unos cuatro dedos por debajo del punto de la linea que marca mediocre.
No me importaría morir en un quirófano por una operación de estética. Me faltan dedos de las manos para contar todo aquello que me gustaría cambiar. Pero... en fin. Acabaría siendo una Barbie deforme. Me daría miedo y me cebaría a barbitúricos. Todos los caminos llevan a Roma.
Todo indica a que moriré de cáncer. No hablo con mi padre desde hace meses. Muchos. Y la razón por la que siempre, absolutamente siempre tengo el móvil en silencio es por el miedo a que me llame, lo escuchen y me obliguen a cogerlo. No quiero.
Soy mala. Mucho. En todos los sentidos que el diccionario de la RAE o más bien la SHU RAEH quiera contarte. Ahora. Ahora que estás pensando eso es el momento. Huye. Si es que estabas cerca.
Mientras tanto me haré un pandilla de amigos como la de Trainspotting. Será estupendo poder pinchar mi propia vena. Y en uno segundos llega. Ni todos los orgamos del mundo me harán sentir lo mismo. Una y otra vez. Hasta que la alfombra y el suelo se hundan conmigo. Y aparezca en el sótano. Allí donde todos guardan las chanclas que se te quedaron pequeñas. La mierda que a todos les da lástima tirar.
Ni siquiera sé lo que he escrito. No pienso revisarlo ortográficamente. Ni edulcorarlo. Ni volver a leerlo. Por eso se llama victorias y derrotas, ¿sabes? Victorias. Y derrotas.
Mucho mejor después de tirar de la cadena. Gracias.
domingo, 26 de junio de 2011
Bien viaje. Y lo que no vibra
Me falta mi muchedad. Creo que más bien nunca la tuve.
No tengo razones ahora. Y sin embargo mírame. Vacías lo mismo que llenas. Y es un quiero y no puedo. O un quiero y puedo. Es un joder, no saltes. Hoy me voy a parecer a una pequeña subterránea. Me da lo mismo que me sigas o que no.
Debe tener fugas. Parece que se rellena y es mentira. O tal vez sean pilas recargables. Necesito un sustento. Y se me olvidan las proporciones, el sabor y mis oídos.
También debe faltarme mi poquedad. Siempre tuve la esperanza de que los bultos fueran algo malo. Así tendría la excusa para ser tan idiota. Sólo tienes que mirar alrededor. Jamás creí que llegaría a eso. Mi segundero suena demasiado fuerte. No me deja pensar. Se me apelmazan las ideas entre las paredes de este cuarto. Me retorcería si no fuera porque perdí mi flexibilidad mucho antes de lo previsto. Imagino. Imagino. Imagino. Y lo que muchos creen que es sublime no es más que el deseo de ver. Un maldito manantial en el desierto. Los aires no serán los mismos si tú no me cortas la respiración. Nadie. Nadie lo sabe. Nadie sabe lo que invade mi sitio. Como me acorrala. Las marcas me siguen. Me agobian. Me muerden. Jamás me dejarán. Y yo necesito deshacerme de ellas. De las marcas. Del peso. Mi mierda. Y mis roces. Para ti. Por ti. Para nadie. Por nadie. Que no se atrevan a tacharlo de obra maestra. Esto ni nada. Juego al dadaísmo. A que la terapia funcione sin gastar las ochocientas libras que me quedan. Tiene que darme tiempo. No quiero que me pregunten. Dar. Dar. Dar. Algún día llegará mi turno. Podría haber llegado. Deseaba que así fuera. Podría haber sido Tayler Durden. No me sigues, ¿verdad? Ni lo intentes. Podría haberlo sido. Creí que era el deja-vú. De veras. No mereces. Pero así soy. Responde que sí. Dolerá. Y Rapunzel se irá. Lo reservaba para ti. Pero ya vienen las velas. Y no tengo nada. Seguimos en el mismo sitio desde que creaste la escala. Había apostado todo. Más de lo que tenía.
Tú siempre esperas gestos. Yo palabras. Vivimos en mundos distintos.
Idiota. A saber porqué esperabas más. Nunca has merecido. Era demasiado, ¿no crees?.
Lo peor es que nadie sabe de lo que hablo. Y si lo hacen, si lo haces, estaré agachada en el suelo.
Fibrilación ventricular. Taquicardia ventricular sin pulso. Disociación electromecánica. Asistolia. Asfixia por cuerpo extraño. Ponte hasta el culo de opiáceos. Naloxona. Podría haberte salvado de mucho. De mucho. Hubiera querido hacerlo. Lo sé. Lo sé. Es una maldita ida de pinza. Pero así me muevo. Lo hice porque pensé ¿qué carajo? Con unos pocos miliequivalentes de más podría dejar frito a alguien y lo dejan en mi mano. ¿Cómo no voy a arriesgarme a esto? Pero siempre se me olvidan los efectos secundarios. Nunca los recuerdas hasta que vuelves a estar dentro. Y parecía que ésta vez sería distinto. Vivo en un mundo de hipócritas. De mentiras piadosas. Y no tan piadosas. Más bien beneficiosas. Jamás pienso volver a decirle guapa a alguien que no crea que lo es. Ojalá pudiera ser como tú. Estar fuera de todo esto. Claro que te envidio. Pero también me jode el extrarradio. Y volver a hablar de lo que no quiero. Esto va a ser eterno. Tanto que nadie querrá entretenerse en leerlo. ¿Y qué más da? Menos los cuatro gatos-amigos de siempre nadie se digna. Ni siquiera ellos. Es el típico falso apoyo que se da. Porque al fin y al cabo esa es una de las funciones esenciales que tienen, ¿no? Más mierda barata. Hay mucha. Demasiada mierda barata. Pero trago. Como siempre. Sin prisa pero sin pausa. Que luego no puedes respirar y a ver quién te salva tonta del culo.
Y mira que me lo prometí ¿eh? Pues nada cielo. Y ahora hasta los dioses se han quedado pequeños. Y eso es grave. Bastante. Y después de todo debo dar las gracias, ¿no? ¡Qué os jodan con vuestros putos modales del primer mundo! Que yo me voy con mi egoísmo, mi hipocresía y mi gilipollez puestos encima. Y no es que me enorgullezcan. Pero cariño, prefiero eso a llevar una piel de zorra que no es mía.
Sí, todo está bien. Todo está bien. Estoy bien.
No tengo razones ahora. Y sin embargo mírame. Vacías lo mismo que llenas. Y es un quiero y no puedo. O un quiero y puedo. Es un joder, no saltes. Hoy me voy a parecer a una pequeña subterránea. Me da lo mismo que me sigas o que no.
Debe tener fugas. Parece que se rellena y es mentira. O tal vez sean pilas recargables. Necesito un sustento. Y se me olvidan las proporciones, el sabor y mis oídos.
También debe faltarme mi poquedad. Siempre tuve la esperanza de que los bultos fueran algo malo. Así tendría la excusa para ser tan idiota. Sólo tienes que mirar alrededor. Jamás creí que llegaría a eso. Mi segundero suena demasiado fuerte. No me deja pensar. Se me apelmazan las ideas entre las paredes de este cuarto. Me retorcería si no fuera porque perdí mi flexibilidad mucho antes de lo previsto. Imagino. Imagino. Imagino. Y lo que muchos creen que es sublime no es más que el deseo de ver. Un maldito manantial en el desierto. Los aires no serán los mismos si tú no me cortas la respiración. Nadie. Nadie lo sabe. Nadie sabe lo que invade mi sitio. Como me acorrala. Las marcas me siguen. Me agobian. Me muerden. Jamás me dejarán. Y yo necesito deshacerme de ellas. De las marcas. Del peso. Mi mierda. Y mis roces. Para ti. Por ti. Para nadie. Por nadie. Que no se atrevan a tacharlo de obra maestra. Esto ni nada. Juego al dadaísmo. A que la terapia funcione sin gastar las ochocientas libras que me quedan. Tiene que darme tiempo. No quiero que me pregunten. Dar. Dar. Dar. Algún día llegará mi turno. Podría haber llegado. Deseaba que así fuera. Podría haber sido Tayler Durden. No me sigues, ¿verdad? Ni lo intentes. Podría haberlo sido. Creí que era el deja-vú. De veras. No mereces. Pero así soy. Responde que sí. Dolerá. Y Rapunzel se irá. Lo reservaba para ti. Pero ya vienen las velas. Y no tengo nada. Seguimos en el mismo sitio desde que creaste la escala. Había apostado todo. Más de lo que tenía.
Tú siempre esperas gestos. Yo palabras. Vivimos en mundos distintos.
Idiota. A saber porqué esperabas más. Nunca has merecido. Era demasiado, ¿no crees?.
Lo peor es que nadie sabe de lo que hablo. Y si lo hacen, si lo haces, estaré agachada en el suelo.
Fibrilación ventricular. Taquicardia ventricular sin pulso. Disociación electromecánica. Asistolia. Asfixia por cuerpo extraño. Ponte hasta el culo de opiáceos. Naloxona. Podría haberte salvado de mucho. De mucho. Hubiera querido hacerlo. Lo sé. Lo sé. Es una maldita ida de pinza. Pero así me muevo. Lo hice porque pensé ¿qué carajo? Con unos pocos miliequivalentes de más podría dejar frito a alguien y lo dejan en mi mano. ¿Cómo no voy a arriesgarme a esto? Pero siempre se me olvidan los efectos secundarios. Nunca los recuerdas hasta que vuelves a estar dentro. Y parecía que ésta vez sería distinto. Vivo en un mundo de hipócritas. De mentiras piadosas. Y no tan piadosas. Más bien beneficiosas. Jamás pienso volver a decirle guapa a alguien que no crea que lo es. Ojalá pudiera ser como tú. Estar fuera de todo esto. Claro que te envidio. Pero también me jode el extrarradio. Y volver a hablar de lo que no quiero. Esto va a ser eterno. Tanto que nadie querrá entretenerse en leerlo. ¿Y qué más da? Menos los cuatro gatos-amigos de siempre nadie se digna. Ni siquiera ellos. Es el típico falso apoyo que se da. Porque al fin y al cabo esa es una de las funciones esenciales que tienen, ¿no? Más mierda barata. Hay mucha. Demasiada mierda barata. Pero trago. Como siempre. Sin prisa pero sin pausa. Que luego no puedes respirar y a ver quién te salva tonta del culo.
Y mira que me lo prometí ¿eh? Pues nada cielo. Y ahora hasta los dioses se han quedado pequeños. Y eso es grave. Bastante. Y después de todo debo dar las gracias, ¿no? ¡Qué os jodan con vuestros putos modales del primer mundo! Que yo me voy con mi egoísmo, mi hipocresía y mi gilipollez puestos encima. Y no es que me enorgullezcan. Pero cariño, prefiero eso a llevar una piel de zorra que no es mía.
Sí, todo está bien. Todo está bien. Estoy bien.
domingo, 29 de mayo de 2011
Noches de insomnio.Y algo de jazz.
No busques. No ordenes. No pienses. No crees. Que no de fe. Sino de construir. Eso que tú haces en mis ratos libres. Y no tan libres. Te cuelas. Me asaltas. Me espías. Me arrastras. Conviertes. Y no sólo materia en energía. Sino a ésta en caníbal. En asesina de carteros.
Multiplicas. Sumas. Divides. Restas poco. Horas de sueño. Y palabras en mi contador.
Disimular. Hacer creer. Y que vean lo que escondes.
Releer. Recordar. (Te)
Resistir. Reprimir. Asustar. (Me)
Encender (me). Que no sólo de rabia. De placer. De -iones. (Ilus-Canc-Alucinac)
Reírme en tu cuello. Y un beso de esquimal. Entre otros que no lo son tanto.
Y seis letras sobre las que refregarme como un gato.
Crear nudos. Mejor desnudos. Hacerte la guerra. Declararte el amor.
El olor antes de llover.El barrio de Montmartre. Beber una cerveza a morro. Las hojas crujiendo bajo tus zapatos. Subir a la azotea. Estar a tu altura. El camino de vuelta tras una noche de juerga. Chocolate negro. Con naranja. El último párrafo del libro. La última palabra. Un piano. Un saxofón. Un whisky doble con hielo. Tumbarte en la carretera. Y una tormenta tropical. La escena que repites sin cesar.
Rebobinar. Dar al play. Sonrisa idiota. Rebobinar. Dar al play.
Júntalo. Mézclalo. Agítalo. Viértelo.
Ese eres tú. Y tus besos. Tú.
Ácido lisérgico en tu saliva.
Multiplicas. Sumas. Divides. Restas poco. Horas de sueño. Y palabras en mi contador.
Disimular. Hacer creer. Y que vean lo que escondes.
Releer. Recordar. (Te)
Resistir. Reprimir. Asustar. (Me)
Encender (me). Que no sólo de rabia. De placer. De -iones. (Ilus-Canc-Alucinac)
Reírme en tu cuello. Y un beso de esquimal. Entre otros que no lo son tanto.
Y seis letras sobre las que refregarme como un gato.
Crear nudos. Mejor desnudos. Hacerte la guerra. Declararte el amor.
El olor antes de llover.El barrio de Montmartre. Beber una cerveza a morro. Las hojas crujiendo bajo tus zapatos. Subir a la azotea. Estar a tu altura. El camino de vuelta tras una noche de juerga. Chocolate negro. Con naranja. El último párrafo del libro. La última palabra. Un piano. Un saxofón. Un whisky doble con hielo. Tumbarte en la carretera. Y una tormenta tropical. La escena que repites sin cesar.
Rebobinar. Dar al play. Sonrisa idiota. Rebobinar. Dar al play.
Júntalo. Mézclalo. Agítalo. Viértelo.
Ese eres tú. Y tus besos. Tú.
Ácido lisérgico en tu saliva.
lunes, 2 de mayo de 2011
Terapia. Y mierda.
Tras más de doce horas de sueño se levantó. No había más razón que el dolor de espalda. Los ojos secos. Y el hecho de no levantar sospecha entre los demás. Otra noche más había desecho la cama por completo. Amanecía en un colchón desnudo. ¿Cual fue la primera decisión estúpida que había tomado? ¿Dónde estaba aquel maldito fallo que había desembocado en el edificio en llamas que era ahora su vida?
Ilusa. ¿Creías que vendría tu hada madrina por echar unas lagrimitas? Esto no es Shrek cielo.
Se bajó las bragas y mientras meaba pensó que ya quedaba menos para irse a dormir. Para haber consumido otro día de la larga ristra. Se lavo las manos y la cara. Se miró mientras se secaba. Ya hay que tener mala suerte para ser una ruina por dentro y además por fuera. La genética le había gastado una broma pesada. Orejas de soplillo y nariz de payaso. Labios minúsculos, cara de luna y ojos del montón. Mejor que no hablemos de cuello para abajo. Ni de piel para adentro. ¡Qué mala suerte joder! Además de la alergia, el asma y la futura obesidad tenía que heredar el síndrome maniaco depresivo de su abuela. Los indicios eran cada vez más claros. Encima que no la conoció le dejaba lo malo de la familia. Cariño, menos mal que no vas a durar muchos años en la tierra.
Había vuelto a ser esa jodida niña en la edad del pavo. La palabra zombie volvía a grabarsele en la frente cuando tenia a todos esos delante. Quería demostrarles que había cambiado. Que los años habían pasado y ella podía ser un buen vino si quería. Que tenia tantas cosas maravillosas en su vida y que estaban fuera de la compresión de todos ellos. Pero en esos momentos ella quería ser corriente. Estándar. Igual que todos. Salida de un maldito molde. Sabían que palabras/gestos/miradas lanzarle para que se sintiera una obesa mórbida con la cara de un orco, el cráneo relleno de serrín y un futuro prometedor con 140 gatos como compañía y un precioso síndrome de diógenes. Pobre, la podríamos echar con el tonto del pueblo para que no se muera sola. ¡Qué lastimica! Si le estamos haciendo un favor.
Peinó su melena eterna. O su estropajo eterno más bien. Si no se pelaba como Evey Hammond era porque aquel maldito manojo era su lugar donde esconderse. Perdería la fuerza como Sansón si lo hacía. Maquilló su rostro para ocultar las marcas de la vida. Puso colorete en los pómulos para dar la impresión de estar viva. Sacó de su bolsillo el colirio para dar ilusión a sus ojos. Se dio talco en los dientes. Aguja e hilo para una bonita sonrisa. Abrió la puerta del servicio. Inspiró profundo.
Silencio. La función va a comenzar.
Y el Oscar a la actriz revelación es para...
Ilusa. ¿Creías que vendría tu hada madrina por echar unas lagrimitas? Esto no es Shrek cielo.
Se bajó las bragas y mientras meaba pensó que ya quedaba menos para irse a dormir. Para haber consumido otro día de la larga ristra. Se lavo las manos y la cara. Se miró mientras se secaba. Ya hay que tener mala suerte para ser una ruina por dentro y además por fuera. La genética le había gastado una broma pesada. Orejas de soplillo y nariz de payaso. Labios minúsculos, cara de luna y ojos del montón. Mejor que no hablemos de cuello para abajo. Ni de piel para adentro. ¡Qué mala suerte joder! Además de la alergia, el asma y la futura obesidad tenía que heredar el síndrome maniaco depresivo de su abuela. Los indicios eran cada vez más claros. Encima que no la conoció le dejaba lo malo de la familia. Cariño, menos mal que no vas a durar muchos años en la tierra.
Había vuelto a ser esa jodida niña en la edad del pavo. La palabra zombie volvía a grabarsele en la frente cuando tenia a todos esos delante. Quería demostrarles que había cambiado. Que los años habían pasado y ella podía ser un buen vino si quería. Que tenia tantas cosas maravillosas en su vida y que estaban fuera de la compresión de todos ellos. Pero en esos momentos ella quería ser corriente. Estándar. Igual que todos. Salida de un maldito molde. Sabían que palabras/gestos/miradas lanzarle para que se sintiera una obesa mórbida con la cara de un orco, el cráneo relleno de serrín y un futuro prometedor con 140 gatos como compañía y un precioso síndrome de diógenes. Pobre, la podríamos echar con el tonto del pueblo para que no se muera sola. ¡Qué lastimica! Si le estamos haciendo un favor.
Peinó su melena eterna. O su estropajo eterno más bien. Si no se pelaba como Evey Hammond era porque aquel maldito manojo era su lugar donde esconderse. Perdería la fuerza como Sansón si lo hacía. Maquilló su rostro para ocultar las marcas de la vida. Puso colorete en los pómulos para dar la impresión de estar viva. Sacó de su bolsillo el colirio para dar ilusión a sus ojos. Se dio talco en los dientes. Aguja e hilo para una bonita sonrisa. Abrió la puerta del servicio. Inspiró profundo.
Silencio. La función va a comenzar.
Y el Oscar a la actriz revelación es para...
domingo, 24 de abril de 2011
Un submarino soviético. Y besos radiactivos.
Dice Carlos Chaouen que la piel no es materia inerte. Sabe demasiado bien lo que se dice. Es como si sus dedos hicieran sinapsis con mi cuerpo. Con mi piel. Siento la descarga. Las malditas moléculas fluyendo entre nosotros. Como esa película eléctrica que se forma en el televisor. Aún no has llegado a acariciarla y ya están ahí. Chispas. Sobrepasas la química. Podemos reírnos de la física. Somos agua y un maldito secador de 2200 watios. Podrás erizarme como a un gato con un sólo dedo si lo deseas.
Vuelve a perder los pantalones.En el Albaycín tal vez. En la Alameda. O en tu cueva.
Déjame andar por tus 190 kilómetros. De cama.
Voy a romper todos mis relojes de arena. Quizás así tus señales de humo lleguen antes.Voy a llenarte de pellizcos de juguete. Si quedan marcas así tendré excusa para cuidarte.
No sé. Quizás podríamos hacernos deshollinadores. Y pasear al ritmo del Chim Chim Cher-ee de Mary Poppins. O componer esa banda sonora de la que me hablaste. Puede que te haga protagonista de mis folios en blanco. Creémos interferencias en todas las radios.
Sí. He raptado tus palabras. Esto es más tuyo que mío,créeme. Pero pienso pedir un rescate por ellas.
Déjame andar por tus 190 kilómetros. De cama.
Voy a romper todos mis relojes de arena. Quizás así tus señales de humo lleguen antes.Voy a llenarte de pellizcos de juguete. Si quedan marcas así tendré excusa para cuidarte.
No sé. Quizás podríamos hacernos deshollinadores. Y pasear al ritmo del Chim Chim Cher-ee de Mary Poppins. O componer esa banda sonora de la que me hablaste. Puede que te haga protagonista de mis folios en blanco. Creémos interferencias en todas las radios.
Sí. He raptado tus palabras. Esto es más tuyo que mío,créeme. Pero pienso pedir un rescate por ellas.
Ven. Que quiero experimentar contigo. Saber si seguimos siendo materiales conductores.
domingo, 13 de marzo de 2011
Bukowski. Y Ben Sanderson
Y aparezco colgada sobre tus hombros. Ni siquiera recuerdo cómo llegué a ellos.Gracias hipocampo, por hacer que guarde esto. Que las lagunas no me invadan. Pero ahora mismo eso da igual. Te encuentro. Y te desencuentro. Y cuando lo hago te busco. Te reclamo.
Hablas de preciosas francesas a las que les gusta disfrutar de los pequeños placeres. De hombres con máscaras que buscan justicia. De whisky. Y de personas que se esnifan el cielo. Me enseñas. Me ilustras. Puedes hacerte admirar en dos minutos y medio. Más de un hombre bueno ha acabado en el arroyo por culpa de una mujer. Sonríes. Y me hablas de un pequeño príncipe de pelo dorado como el sol.
¿Y qué hago yo ahora? Tal vez tengas un pacto con la gravedad. Me llevas hacia ti. Me rindo. No pienso oponerme. Ni lo dudo.
El bullicio y las risas se convierten en destierro. No sé en qué hora vivo. Y tal vez no quiera reloj. No sé donde estamos. Y tranquilo, que no deseo un mapa.
No tengo frío. Ni hambre. Ni miedo. No me preocupa saber dónde estamos. Te tengo aquí.
Y me escurro sobre el banco. Número 27. Y parezco una cotorra ebria. Pero tú siempre quieres saber más. Y me dices que si me lo das o si me lo robas. Sale Sabina de por medio. Y lo esquivas. Bien hecho. Haz conmigo lo que quieras. Pero hazlo.
Déjame un cuarto de tu boca para la vuelta. Puede que la eche de menos.
Y vomitas sobre mí palabras que no merezco. Que me cosen. ¿Acaso quieres conseguir el récord en el amaestramiento de esta zorra? ¿En el número de sonrisas de las bonitas que me usurpas por segundo? Crees que eres malo. Y a mí me hace gracia. Alguien malo no mira así. Maldito brillo. Alguien malo no sonríe así. Maldita barba. Alguien malo no besa así. Maldita lengua.
Apostamos sobre fruterías en metros cuadrados. Y claro que ganas. Eso es jugar con ventaja. Sabes qué quieres de premio. Y deambulamos con los barrenderos pisando nuestros talones. Quizás seamos los únicos despiertos de la ciudad. Y subimos escalones torcidos.
Pensé en besarte a lo Amélie. Ya sabes, un beso en la comisura derecha. Luego en el lado izquierdo de tu cuello. Otro en el camino entre tu párpado y tu ceja. Tenía ganas. Muchas.
Pensé en dormir a tu lado. No pasé frío hasta que te separaste de mí.
Pensé. Pero sólo me salía reírme. Y pensé. Pensé demasiado.
Me miras. Sé que estás mirándome. Como una regadera que la hierba hace que vuelva a brotar y ahora es todo campo ya.
Vuelve lo oscuro. No he sido tan mala, lo sabes. Y tú no has faltado a tus promesas. No faltan las palabras. Ni sobran. Ven, si es lo que quieres. Y volvemos a caminar desorientados. Pero siempre de tu mano. Te descubro por instantes. Y siempre va a mejor.
Paradas. Risas. Encuentros. Ranas. Besos repudiados a monjas. Sigo de tu mano. O de tu cuerpo.
Vueltas. Y más vueltas.
Por fin el 26. Subir las escaleras. Quedarnos a oscuras en medio. No pienso subir así. Y cierran la puerta. Te veo venir. Ahora soy presa fácil. ¿Quién caza a quién? Y aprendo a verte en la oscuridad. Y aquí nadie quiere que aparezca el sol. Sigues regalando a unos oídos que no merecen. Quedémonos así. Me pides de los bonitos. Vuelvo a rendirme. No sé quien no lo haría. Cada vez que reclames más te lo daré. Me gusta estar sobre tus rodillas. Tus manos son libres. Déjalas volar.
Me buscan. Escucho mi nombre. Maldito teléfono. Corre, invéntate una excusa. Da lo mismo. Llévame. Y aquí se termina todo. Llamas a la puerta. Y me pides uno, sólo uno más. Sostienes la puerta para que no nos abran.
Quizás debería haber aceptado tu invitación al diván.
Te vi por la mañana delante de la habitación. No miraste.
Me hubiera precipitado sobre ti como la pequeña Lolita de Nabokov sobre Humbert.
Cuando quieras, ya sabes. Tienes una apuesta ganada que espera cobrarse.
martes, 4 de enero de 2011
L'ombre de ton chien. Y borrachos que mienten
Añade banda sonora a este momento, dale al play.
Las cosas que no se dicen suelen ser las más importantes. Será el miedo al silencio.
Y la reciprocidad ahora duerme sola. Se revuelca entre las sábanas creyendo consumirse. Édith Piaf la acompaña en sus sueños. Y no canta precisamente La vie en rose.
La luna tiene dos caras pero siempre vemos la misma.
La llevé al matasanos. Cardiomegalia fue el diagnóstico. El corazón del tamaño de dos cabezas. Por eso que no pueda respirar. Por eso que no tenga hambre.
Dicen que pueden recortarle el corazón. Luego lo reconstruirán. Pequeño y precioso tamaño de puño. No quiere ni pensárselo. Dice que sí.
Y ahora se dedica a romper todos lo relojes. No hay día que no la encuentre arrastrándose por el suelo. Dice que el frío la alivia. El ruido. Y las personas. Sólo así deja de sentir ese hueco.
Se siente tan cansada.
"De repente pensé en aquella torturaba que practicaban en Francia. ¿Sabes qué hacían? Ataban las extremidades de una persona a cuatro caballos y los azuzaban en direcciones diferentes. Pues así es cómo me sentí. Así es cómo me siento.."
Tal vez sea lo mejor. Dormir hasta que todo pase. Y me recuesto junto a ella. Dice que no hay remedio ni enfermedad. Sé que mi mano no será suficiente. Pero debo intentarlo. La almohada está húmeda. Y ella cada vez más seca.
Y yo me quedo las noches observándola. Mientras sueña sonríe. Eso me reconstruye.
Y sólo espero que los hermanos no tarden en venir.
Tiempo y olvido.
Porque nada puede aliviar a una palabra que fue hecha para dos.
Porque nada sabe de adicción aquel que no se ha dejado la piel y el sudor en una canción que terminó quemada entre lágrimas y cucharas
Las cosas que no se dicen suelen ser las más importantes. Será el miedo al silencio.
Y la reciprocidad ahora duerme sola. Se revuelca entre las sábanas creyendo consumirse. Édith Piaf la acompaña en sus sueños. Y no canta precisamente La vie en rose.
La luna tiene dos caras pero siempre vemos la misma.
La llevé al matasanos. Cardiomegalia fue el diagnóstico. El corazón del tamaño de dos cabezas. Por eso que no pueda respirar. Por eso que no tenga hambre.
Dicen que pueden recortarle el corazón. Luego lo reconstruirán. Pequeño y precioso tamaño de puño. No quiere ni pensárselo. Dice que sí.
Y ahora se dedica a romper todos lo relojes. No hay día que no la encuentre arrastrándose por el suelo. Dice que el frío la alivia. El ruido. Y las personas. Sólo así deja de sentir ese hueco.
Se siente tan cansada.
"De repente pensé en aquella torturaba que practicaban en Francia. ¿Sabes qué hacían? Ataban las extremidades de una persona a cuatro caballos y los azuzaban en direcciones diferentes. Pues así es cómo me sentí. Así es cómo me siento.."
Tal vez sea lo mejor. Dormir hasta que todo pase. Y me recuesto junto a ella. Dice que no hay remedio ni enfermedad. Sé que mi mano no será suficiente. Pero debo intentarlo. La almohada está húmeda. Y ella cada vez más seca.
Y yo me quedo las noches observándola. Mientras sueña sonríe. Eso me reconstruye.
Y sólo espero que los hermanos no tarden en venir.
Tiempo y olvido.
Porque nada puede aliviar a una palabra que fue hecha para dos.
Porque nada sabe de adicción aquel que no se ha dejado la piel y el sudor en una canción que terminó quemada entre lágrimas y cucharas
sábado, 11 de diciembre de 2010
Siete cabritillos. Y Serrat
Nada de lo que escribo es mentira. Nada. No sé escribir cosas que no siento. No sé inventar. Me temo que sólo adorno, tergiverso o digievoluciono.
Tengo reflejos ya innatos. Manías idiotas. Si me dices "a tope" siempre diré "con la COPE" aunque no tengo ni zorra idea de que hablo.
Siempre antes de irme de casa reviso que todo este apagado. Nada que pueda hacer chispa. Gas apagado. Ventanas cerradas. Ningún cable a la vista que pudiera ser causa de asfixia. Ningún objeto punzante de por medio. Y sobre todo ningún cuchillo fuera del cajón.
Nunca olvido echar la llave pero siempre me obsesiona la idea por unos instantes.
Antes de cerrar la puerta susurro hasta luego, os quiero.Ya sabes que jamás adiós. Lo digo cada día antes de salir. Luego no tengo cojones de decirserlo a nadie a la cara. Bueno, sí, la de siempre, Michelle.
Soy incapaz de abrir el frigorífico descalza.
Me pongo dos despertadores y aun así me quedo dormida.
Aunque vaya con tiempo el 89% de las veces llego tarde.
Con esto vengo a decir que a veces aprendo. Y a veces no.Pero como mínimo intento no tropezar de nuevo. Lo que no quita que a veces haya piedras demasiado pesadas como para moverlas sola.
Joder, no paro de repetir lo mismo.
Que vivas, joder. Eso es lo que quiero decir.
El puzzle se me va.
En días como hoy acudo a ti. El sol acariciándome lento. Mi piel salada. El viento entrecortándome la risa y el cuerpo. El olor a sardinas.
O echarme sobre su regazo los dos embatados. Sus sustos para quitarme el hipo. La barba que me hace adorar a las demás. Cómo posaba la seguridad sobre mis hombros. La risa que se repite a pesar de los pesares.
O ella. Mejor dicho, Ella.Perderme en sus brazos que parecían el relleno de Platero. Abandonar mi existencia y mis oídos ante aquellos cuentos. Lo guapa que era ante sus ojos. Disfrutar enseñándole, retratándola, regalándole. Su olor.
A veces creo que aún te espero. Y llevo tanto haciéndolo que me da miedo olvidar tu cara.
En días como hoy me tiré al vacío. Y no había nada. Quizás estoy pidiendo demasiado.
Créeme que lo sé. No merezco.
Vete. Jamás te preocupes. Que, como ves, yo nunca me olvido de los que se marchan.
Tengo reflejos ya innatos. Manías idiotas. Si me dices "a tope" siempre diré "con la COPE" aunque no tengo ni zorra idea de que hablo.
Siempre antes de irme de casa reviso que todo este apagado. Nada que pueda hacer chispa. Gas apagado. Ventanas cerradas. Ningún cable a la vista que pudiera ser causa de asfixia. Ningún objeto punzante de por medio. Y sobre todo ningún cuchillo fuera del cajón.
Nunca olvido echar la llave pero siempre me obsesiona la idea por unos instantes.
Antes de cerrar la puerta susurro hasta luego, os quiero.Ya sabes que jamás adiós. Lo digo cada día antes de salir. Luego no tengo cojones de decirserlo a nadie a la cara. Bueno, sí, la de siempre, Michelle.
Soy incapaz de abrir el frigorífico descalza.
Me pongo dos despertadores y aun así me quedo dormida.
Aunque vaya con tiempo el 89% de las veces llego tarde.
Con esto vengo a decir que a veces aprendo. Y a veces no.Pero como mínimo intento no tropezar de nuevo. Lo que no quita que a veces haya piedras demasiado pesadas como para moverlas sola.
Joder, no paro de repetir lo mismo.
Que vivas, joder. Eso es lo que quiero decir.
El puzzle se me va.
En días como hoy acudo a ti. El sol acariciándome lento. Mi piel salada. El viento entrecortándome la risa y el cuerpo. El olor a sardinas.
O echarme sobre su regazo los dos embatados. Sus sustos para quitarme el hipo. La barba que me hace adorar a las demás. Cómo posaba la seguridad sobre mis hombros. La risa que se repite a pesar de los pesares.
O ella. Mejor dicho, Ella.Perderme en sus brazos que parecían el relleno de Platero. Abandonar mi existencia y mis oídos ante aquellos cuentos. Lo guapa que era ante sus ojos. Disfrutar enseñándole, retratándola, regalándole. Su olor.
A veces creo que aún te espero. Y llevo tanto haciéndolo que me da miedo olvidar tu cara.
En días como hoy me tiré al vacío. Y no había nada. Quizás estoy pidiendo demasiado.
Créeme que lo sé. No merezco.
Vete. Jamás te preocupes. Que, como ves, yo nunca me olvido de los que se marchan.
Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.
viernes, 19 de noviembre de 2010
Cuerdas rotas. Y mis ojos en tu bandeja
Que venga el frío. ¡Qué venga! Ese que me entumece cuándo y cómo quiere. Ese que se encapricha de mis dedos y la punta de mi nariz. Que venga. Que me congele la sonrisa. Que me la haga eterna. Siempre receloso de ti. Y que le hago si rompes la escarcha de mi figura. Pintas mis labios de leña y metamorfeas la coca-cola en chocolate humeante.
Me elevas. Y me dejas caer en picado. Me tiendes desnuda con pinzas de la ropa. Me quemas. Arráncame las yemas de los dedos. Déjame sin identidad. Inérvame a tu sombra. Hazme vigilar tu descanso a los pies de tu cama. Sácame de paseo a rastras. Rápame. Arrebátame el orgullo. Reviéntame los oídos con canciones que no hablen de ti. Asalta mi ático sin permiso.Oblígame a tragarme mis principios inmutables.Imprégname de petróleo. Diviértete despojándome de mi piel. Déjame descalza en un suelo lleno de años de mala suerte. Abandóname en un descampado en el centro de la tierra. Lánzame en un cohete a 8914 años luz de tu mirada. Sírveme de tentempié a los tiburones. Arrójame por las escaleras mecánicas de tu columna vertebral. Viola los años que me quedan. Hazme luchar con putas en tu circo romano. Apuesta todo al contrario si es lo que quieres.
Eh, mírame.
Levanta esa puñetera cabeza y mírame.Sonrio.
Estás aqui. Conmigo. Sigo sonriendo.
Y hacer equilibrios a 4026 metros de altura entre los hilos de tu sonrisa.
Me elevas. Y me dejas caer en picado. Me tiendes desnuda con pinzas de la ropa. Me quemas. Arráncame las yemas de los dedos. Déjame sin identidad. Inérvame a tu sombra. Hazme vigilar tu descanso a los pies de tu cama. Sácame de paseo a rastras. Rápame. Arrebátame el orgullo. Reviéntame los oídos con canciones que no hablen de ti. Asalta mi ático sin permiso.Oblígame a tragarme mis principios inmutables.Imprégname de petróleo. Diviértete despojándome de mi piel. Déjame descalza en un suelo lleno de años de mala suerte. Abandóname en un descampado en el centro de la tierra. Lánzame en un cohete a 8914 años luz de tu mirada. Sírveme de tentempié a los tiburones. Arrójame por las escaleras mecánicas de tu columna vertebral. Viola los años que me quedan. Hazme luchar con putas en tu circo romano. Apuesta todo al contrario si es lo que quieres.
Eh, mírame.
Levanta esa puñetera cabeza y mírame.Sonrio.
Estás aqui. Conmigo. Sigo sonriendo.
Y hacer equilibrios a 4026 metros de altura entre los hilos de tu sonrisa.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Removiendo los cajones. Y encontrando cadáveres
-¿Pero qué..? ¿Qué carajo haces tú aquí? Esto es mi ático, ¿entiendes? ¡MI ÁTICO!
- No vas a decir nada, ¿verdad? Para que cambiar..
- Quita esa sonrisa estúpida. Aquí nunca se sonríe. Esto no es un sitio bonito, ¿sabes? Aquí está toda mi mierda. Toda. Y más de la que crees existente. Estas son mis ciénagas. Tal vez por eso estés aquí.
-O la quitas o te juro que te la dibujaré eternamente. No. No es nada romántico. Siempre he querido saber qué se siente al resquebrajar la piel.
- No mires nada. Aquí todo es demasiado gris.Aquí todo es demasiado tormentoso. Demasiado. Jamás ha entrado la luz.
-¿Cómo coño lo has hecho? Querrás salir y no volver. Ni aquí. Ni a mí. Si abres cualquiera de esas cajas me quedaré vacía.
-Sí. Sola. Sin ti.
- Lo siento tanto. Tanto. Sabes que me duele más a mi que a ti. No tengo otra opción. Lo que entra en el ático jamás vuelve a salir.
-Bueno, sí. A veces soy capaz de abrir algo las puertas. Barro hacia fuera. Y aparece un atisbo de luz. Eso sólo son días especiales. Y mira a tu alrededor. Esto está tan lleno que la puerta ya no puede moverse. Hay tanto polvo que apenas podemos respirar.
- No me mires así. Tiene que haber alguna razón. Y tiene que ser esa. Si estás aquí es porque no debo dejarte salir.
- Te encerraré con mi mierda. Juega con las cajas. Reordénalas. Siéntete engañado por descubrir quien soy. Por ver quién se esconde tras el flequillo. Siente miedo por haber compartido conmigo. Sí. Te darás cuenta de porqué escondo todo esto. Nadie querría estar a mi lado. Bueno. Eso ya es así.
- Te irás quedando sin oxígeno y morirás arropado por cada uno de mis interrogantes. Es mejor así.
- No te preocupes. Jamás contaré esto. Será el nuestro. Otro más que encerraré. No volveré por aquí hasta estar segura de que has desaparecido. No volveré a pronunciar tu nombre. Porque en las palabras reside la diferencia entre la posibilidad y el hecho.
-¿Sabes qué es lo peor de todo? Jamás había habido tanta luz como en este momento.
- Muérete. Por favor.
Por favor.
Por favor.
Por favor.
Por favor..
Cada ciclo respiratorio que gastes será como deshacerme de un poco más del peso de mis hombros.
- No vas a decir nada, ¿verdad? Para que cambiar..
- Quita esa sonrisa estúpida. Aquí nunca se sonríe. Esto no es un sitio bonito, ¿sabes? Aquí está toda mi mierda. Toda. Y más de la que crees existente. Estas son mis ciénagas. Tal vez por eso estés aquí.
-O la quitas o te juro que te la dibujaré eternamente. No. No es nada romántico. Siempre he querido saber qué se siente al resquebrajar la piel.
- No mires nada. Aquí todo es demasiado gris.Aquí todo es demasiado tormentoso. Demasiado. Jamás ha entrado la luz.
-¿Cómo coño lo has hecho? Querrás salir y no volver. Ni aquí. Ni a mí. Si abres cualquiera de esas cajas me quedaré vacía.
-Sí. Sola. Sin ti.
- Lo siento tanto. Tanto. Sabes que me duele más a mi que a ti. No tengo otra opción. Lo que entra en el ático jamás vuelve a salir.
-Bueno, sí. A veces soy capaz de abrir algo las puertas. Barro hacia fuera. Y aparece un atisbo de luz. Eso sólo son días especiales. Y mira a tu alrededor. Esto está tan lleno que la puerta ya no puede moverse. Hay tanto polvo que apenas podemos respirar.
- No me mires así. Tiene que haber alguna razón. Y tiene que ser esa. Si estás aquí es porque no debo dejarte salir.
- Te encerraré con mi mierda. Juega con las cajas. Reordénalas. Siéntete engañado por descubrir quien soy. Por ver quién se esconde tras el flequillo. Siente miedo por haber compartido conmigo. Sí. Te darás cuenta de porqué escondo todo esto. Nadie querría estar a mi lado. Bueno. Eso ya es así.
- Te irás quedando sin oxígeno y morirás arropado por cada uno de mis interrogantes. Es mejor así.
- No te preocupes. Jamás contaré esto. Será el nuestro. Otro más que encerraré. No volveré por aquí hasta estar segura de que has desaparecido. No volveré a pronunciar tu nombre. Porque en las palabras reside la diferencia entre la posibilidad y el hecho.
-¿Sabes qué es lo peor de todo? Jamás había habido tanta luz como en este momento.
- Muérete. Por favor.
Por favor.
Por favor.
Por favor.
Por favor..
Cada ciclo respiratorio que gastes será como deshacerme de un poco más del peso de mis hombros.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Por mí. Y por todos mis compañeros
Las palabras me detienen y me acompasan. Resbalan entre mis dedos. Dan forma a mis ojos. A lo que no aprendieron a decir. Y vuelves tú. Aquí. Ahora. Entre órganos y silencio. Aquí. Ahora. Entre el tiempo que perdí y el que alquilé. No es sano hacerse esto. Dejarse embaucar por el carbón. No estoy aquí para esto.
Tengo una debilidad no se puede ocultar lo llevo en la mirada. Que sí. Que es inevitable. Que no creo poder pararlo. Ni sé si quiero. Que a veces se te cierran las puertas. Como el autobús a las 7:43 de la mañana. Como cuando no quedan de tu número. Como cuando se cuelga el cartel de aforo completo. Que la vida no es tuya. Ni tuya. Ni mía. Nadie sabe si mañana tendré una pistola encañonándome la nuca. Debo decirlo. Por eso debo decirlo. Y-O-U A-R-E G-R-E-A-T. Sí. Más que great. Más. Destiñes las nubes grises. Haces que rompa el tiempo con la risa que me obligas a descorchar. Y creo que eso que llaman cielo debería parecerse a tus abrazos.
Tengo una sirena que me canta en las noches largas. Las malas costumbres siempre vuelven según ella. Estoy tan malcriada.
Zorra salvaje, nunca deshace el equipaje. Así debería de ser. Debería.
Y aquí sigo. Esto no es lo que te mereces. Yo quiero más. Más. Empaparte los iris de melodías. Mecerte en los brazos de gigantes.Abrirte las puertas del ático.Ser tuya. Ser vuestra.
Quizás sea arriesgar demasiado. Podría perder todas las gallinas por contemplar el trigo. Esperándote.Extrañándote.Ser una zorra desnutrida. Asténica. Fácil presa de los cazadores.
¿Y perderme el momento de verte aparecer por el horizonte?
Que sí. Que si vuelvo; que si he vuelto, es por ti. Sin quererlo. Por tí.
Tengo una debilidad no se puede ocultar lo llevo en la mirada. Que sí. Que es inevitable. Que no creo poder pararlo. Ni sé si quiero. Que a veces se te cierran las puertas. Como el autobús a las 7:43 de la mañana. Como cuando no quedan de tu número. Como cuando se cuelga el cartel de aforo completo. Que la vida no es tuya. Ni tuya. Ni mía. Nadie sabe si mañana tendré una pistola encañonándome la nuca. Debo decirlo. Por eso debo decirlo. Y-O-U A-R-E G-R-E-A-T. Sí. Más que great. Más. Destiñes las nubes grises. Haces que rompa el tiempo con la risa que me obligas a descorchar. Y creo que eso que llaman cielo debería parecerse a tus abrazos.
Tengo una sirena que me canta en las noches largas. Las malas costumbres siempre vuelven según ella. Estoy tan malcriada.
Zorra salvaje, nunca deshace el equipaje. Así debería de ser. Debería.
Y aquí sigo. Esto no es lo que te mereces. Yo quiero más. Más. Empaparte los iris de melodías. Mecerte en los brazos de gigantes.Abrirte las puertas del ático.Ser tuya. Ser vuestra.
Quizás sea arriesgar demasiado. Podría perder todas las gallinas por contemplar el trigo. Esperándote.Extrañándote.Ser una zorra desnutrida. Asténica. Fácil presa de los cazadores.
¿Y perderme el momento de verte aparecer por el horizonte?
Que sí. Que si vuelvo; que si he vuelto, es por ti. Sin quererlo. Por tí.
miércoles, 20 de octubre de 2010
Un placer. Y mil besos
Necesito resetearme. Y bueno. Creo que será una buena idea. Me siento extrañamente libre.La despedida es tan dulce pena que diré buenas noches hasta que amanezca
No diré adiós porque nunca lo hago. Hasta pronto.
Ni siquiera una despedida en condiciones. Lo siento.
Creo que hablo sola.
lunes, 4 de octubre de 2010
Velocidad. Y ¡A PINO!
Improvisación señores. Que planificar es de palurdos. Como lo oyes.
Déjate llevar.
Prepararte en 4 minutos 35 segundos. Bajar hecha una zarrapastrosa. Ni que los escalones quemasen.
Abrir. Buscar. Y allí los ves. Bueno, lo ves. Y la.
¿Es un pájaro? ¿Es un avión? Que va quillo. Es el ESCODASO.
Que sí. Que seguramente será otra pieza del puzzle.
Para el tiempo. Contemplales.
Un mongolo con sonrisa de nobel.Un paletas. Un topo. Nervioso. Ilusionado. Poderoso tal vez.
Una rubia de mi vida. Una topota. Una novia postiza. ¡Mira que sonrisa! Es nuestra sonrisa.
Un osito de peluche. Un burgués que no lo quiere ser. Un suso. Se siente bien. Volvemos a estar todos. Parece un maestro dando instrucciones.Un auténtico maestro.
Un mochi.Un Loker.Y tito. ¡Y DOBLE! Todavía no me he abrochado el cinturón. Es tiempo suficiente para que provoque mis carcajadas. ¿Será un don?
Y es que es así. Nosotros nos respiramos aire. Respiramos risa.
¿Dónde está mi mierda?
Ha desaparecido.
Que si no queremos morir. Que si mi primer semáforo en rojo. Eterna búsqueda, convertida en eterna espera. Que si Ángel no me quites el cinturón. Que si el coche huele a establo.¿Pero qué coño? La Nikonaso que te mato. ¡HOT!.Pícate con ese. Mira lo que te ha dicho.Uuuuui que se te cala. No te pegues tanto a la izquierda. Mi primer parking.
¿Pero te has quedao con el número del parking? Mira a esos bailando el waka-waka. Media hora para que cierren. Y Conductor. ¿Dónde está el ticket? ¿Qué ticket? ¡ÁNGEL! Carjadas. Tengo un record en la serpiente. Já, que no se ha guardao. Vaya fotazas que vamos a hacer. Já, que yo las hago mejores. Enséñame el pintauñas. No vea si comeis rápido. ¿Nos vamos? Hombre, si os esperais a que yo termine.
Volver. Para irnos.
Una de nos creemos que esto es una peli de carreras tuning. Y sentir. SENTIR. La velocidad. El aire que soporta tu mano tras la ventanilla. Que saquemos la cabeza.Vivir. VIVIR.Y que cuando no puedo controlar mi pelo, mi respiración ni mis pestañas me siento libre. Sólo los kilómetros de más me deshacerme de mis límites.De mis bordes.Ver la sonrisa de la rubia mientras el aire nos ahoga. Pero nos da más de lo que nos quita. Y que la risa se me quede dentro. Aún puedo escucharla. Una carrera más. Y otra. Y si hombre, eso es tranfulleria. Y el pequeño topo que frena. Que no se atreve. Y otra.
Ahora no podéis dejarnos así. La adrenalina me sale por los agujeros de la nariz. Por el agujero de la coronilla por donde deberían salir feromonas.
Y yo. Y yo que no debería estar ahí.
Bah. Ninguna asignatura me da lo que tú. Ni lo que tú. Ni lo que tú. Y por supuesto que lo que tú tampoco.
Que sí. Que han pasado meses. ¿Y qué? Que yo por suerte puedo darle al play en el reproductor de mi mente. Me gusta darle cuando os echo de menos.
Aproximadamente siempre.
Déjate llevar.
Prepararte en 4 minutos 35 segundos. Bajar hecha una zarrapastrosa. Ni que los escalones quemasen.
Abrir. Buscar. Y allí los ves. Bueno, lo ves. Y la.
¿Es un pájaro? ¿Es un avión? Que va quillo. Es el ESCODASO.
Que sí. Que seguramente será otra pieza del puzzle.
Para el tiempo. Contemplales.
Un mongolo con sonrisa de nobel.Un paletas. Un topo. Nervioso. Ilusionado. Poderoso tal vez.
Una rubia de mi vida. Una topota. Una novia postiza. ¡Mira que sonrisa! Es nuestra sonrisa.
Un osito de peluche. Un burgués que no lo quiere ser. Un suso. Se siente bien. Volvemos a estar todos. Parece un maestro dando instrucciones.Un auténtico maestro.
Un mochi.Un Loker.Y tito. ¡Y DOBLE! Todavía no me he abrochado el cinturón. Es tiempo suficiente para que provoque mis carcajadas. ¿Será un don?
Y es que es así. Nosotros nos respiramos aire. Respiramos risa.
¿Dónde está mi mierda?
Ha desaparecido.
Que si no queremos morir. Que si mi primer semáforo en rojo. Eterna búsqueda, convertida en eterna espera. Que si Ángel no me quites el cinturón. Que si el coche huele a establo.¿Pero qué coño? La Nikonaso que te mato. ¡HOT!.Pícate con ese. Mira lo que te ha dicho.Uuuuui que se te cala. No te pegues tanto a la izquierda. Mi primer parking.
¿Pero te has quedao con el número del parking? Mira a esos bailando el waka-waka. Media hora para que cierren. Y Conductor. ¿Dónde está el ticket? ¿Qué ticket? ¡ÁNGEL! Carjadas. Tengo un record en la serpiente. Já, que no se ha guardao. Vaya fotazas que vamos a hacer. Já, que yo las hago mejores. Enséñame el pintauñas. No vea si comeis rápido. ¿Nos vamos? Hombre, si os esperais a que yo termine.
Volver. Para irnos.
Una de nos creemos que esto es una peli de carreras tuning. Y sentir. SENTIR. La velocidad. El aire que soporta tu mano tras la ventanilla. Que saquemos la cabeza.Vivir. VIVIR.Y que cuando no puedo controlar mi pelo, mi respiración ni mis pestañas me siento libre. Sólo los kilómetros de más me deshacerme de mis límites.De mis bordes.Ver la sonrisa de la rubia mientras el aire nos ahoga. Pero nos da más de lo que nos quita. Y que la risa se me quede dentro. Aún puedo escucharla. Una carrera más. Y otra. Y si hombre, eso es tranfulleria. Y el pequeño topo que frena. Que no se atreve. Y otra.
Ahora no podéis dejarnos así. La adrenalina me sale por los agujeros de la nariz. Por el agujero de la coronilla por donde deberían salir feromonas.
Y yo. Y yo que no debería estar ahí.
Bah. Ninguna asignatura me da lo que tú. Ni lo que tú. Ni lo que tú. Y por supuesto que lo que tú tampoco.
Que sí. Que han pasado meses. ¿Y qué? Que yo por suerte puedo darle al play en el reproductor de mi mente. Me gusta darle cuando os echo de menos.
Aproximadamente siempre.
sábado, 4 de septiembre de 2010
Un hueso. Y una veleta
Que subas a mi ventana escalando sobre mi pelo. Que me descosas la cara. Dibujas cuanto quieres. Tener miedo de sostenerte la mirada. Diez segundos más en tus ojos de Peter Pan me harán ver Nunca Jamás. Pegarte a mis costillas con superglu. Y bordar en tu lengua mi nombre. Echarte sal en los ojos. Que me recuerdes sólo a mí. Rompe todos mis relojes. Fúmate todas mis estrellas. Dibujar un plano a escala de tu cuerpo. Con todas las paradas de metro. Y los monumentos de visita obligatoria. Recortarte. Acostarte junto a mi. Ronronearte por las noches. Mullirte por las mañanas. Arañarte los días de fiesta. Y lamer todas tus heridas. Que encuentres mi señal de la varicela. Y quieras hielo para mis ojos. Bebértelos de un trago. Con todas las burbujas. Estudiar contigo anatomía. Abrirte en canal. Lanzarte mil besos dentro. Ya no podrás escapar.
Esconderte bajo mis sábanas cuando tengas pesadillas. Sobarte hasta desgastarte el color de la piel. Colgarte de mis perchas y vestirme de ti cada día. Cansarte de tanto abrazos. De tantas palabras. De tantos escupitajos de dependencia. Arrojarte por mi ventana.
Que me extrañes tanto que te quedes sin pestañas. Y dibujes mi pelo sobre el suelo. Y que imagines subir por él.
Saltar de la ventana sobre ti. Que te hagas dueño de mis articulaciones.
Rendirme. Más de diez minutos en tus ojos.
Querer ser tu Wendy.
Y que no te olvides de regalarme un dedal. De los de verdad.
Que le den a Campanilla.
Que para volar te sobra conmigo.
Esconderte bajo mis sábanas cuando tengas pesadillas. Sobarte hasta desgastarte el color de la piel. Colgarte de mis perchas y vestirme de ti cada día. Cansarte de tanto abrazos. De tantas palabras. De tantos escupitajos de dependencia. Arrojarte por mi ventana.
Que me extrañes tanto que te quedes sin pestañas. Y dibujes mi pelo sobre el suelo. Y que imagines subir por él.
Saltar de la ventana sobre ti. Que te hagas dueño de mis articulaciones.
Rendirme. Más de diez minutos en tus ojos.
Querer ser tu Wendy.
Y que no te olvides de regalarme un dedal. De los de verdad.
Que le den a Campanilla.
Que para volar te sobra conmigo.
domingo, 22 de agosto de 2010
Viola mis ojos. Y escupe mis dientes
La vida siempre es Coca-Cola. Y un cuerno.
Vas a andando por la calle.Y no. Ahora no huele a las patatas del Mc'Donald que tienes a 20 metros. Ni a colonia de vieja exagerada que asfixia.Siempre me dan puto dolor de cabeza. Ni a tubo de escape de coche. Ni a alcantarillas que se remueven.
Respira. Respira hondo antes de que se vaya.
Y nunca pareces coger aire suficiente.
En tu mente aparece una imagen de tus pulmones mientras se llenan de una sustancia violácea que parece centellear. Sí. Como los hechizos que aparecen en las películas. Como los demonios que salen del bote de Rasputin en Anastasia. Se cuelan por donde quieren. No sienten piedad por tus pulmones y se adhieren. Ya no puedes respirar otra cosa.
Y es como Lucy in the sky with diamonds. Una auténtica alegoría al LSD. Como los elefantes que bailan cuando Dumbo se emborracha. Como meterte dos Eddings en los agujeros de la nariz y respirar profundo. Como desayunar en un Coffee shop de Amsterdam. Como el pegamento en barra. Y la plastilina Play Doh.Como un orgasmo de letras. De tinta. Y de carne.Como lamer la boca de Sócrates después de la Cicuta.Como el despertar de Julieta. Como una tarta de almendras amargas. 100 gramos exactamente. Como inyectarte agua oxigenada. Como pasar la tarde chupándote el dedo pasando las hojas del libro de En el nombre de la rosa.
Como decía esa canción, Exta sí, exta no, exta me gusta me la tomo yo.
O mejor aún, jugarse la vida, probar tu veneno.
Así es tu olor.
Como absenta serpenteando mi organismo.
Comprarme un bote de ti. Derramarte en mi almohada.
Que me queden dos meses de vida. Morirme.
¡Y qué más da!
Contigo en mis pulmones.
Vas a andando por la calle.Y no. Ahora no huele a las patatas del Mc'Donald que tienes a 20 metros. Ni a colonia de vieja exagerada que asfixia.Siempre me dan puto dolor de cabeza. Ni a tubo de escape de coche. Ni a alcantarillas que se remueven.
Respira. Respira hondo antes de que se vaya.
Y nunca pareces coger aire suficiente.
En tu mente aparece una imagen de tus pulmones mientras se llenan de una sustancia violácea que parece centellear. Sí. Como los hechizos que aparecen en las películas. Como los demonios que salen del bote de Rasputin en Anastasia. Se cuelan por donde quieren. No sienten piedad por tus pulmones y se adhieren. Ya no puedes respirar otra cosa.
Y es como Lucy in the sky with diamonds. Una auténtica alegoría al LSD. Como los elefantes que bailan cuando Dumbo se emborracha. Como meterte dos Eddings en los agujeros de la nariz y respirar profundo. Como desayunar en un Coffee shop de Amsterdam. Como el pegamento en barra. Y la plastilina Play Doh.Como un orgasmo de letras. De tinta. Y de carne.Como lamer la boca de Sócrates después de la Cicuta.Como el despertar de Julieta. Como una tarta de almendras amargas. 100 gramos exactamente. Como inyectarte agua oxigenada. Como pasar la tarde chupándote el dedo pasando las hojas del libro de En el nombre de la rosa.
Como decía esa canción, Exta sí, exta no, exta me gusta me la tomo yo.
O mejor aún, jugarse la vida, probar tu veneno.
Así es tu olor.
Como absenta serpenteando mi organismo.
Comprarme un bote de ti. Derramarte en mi almohada.
Que me queden dos meses de vida. Morirme.
¡Y qué más da!
Contigo en mis pulmones.
viernes, 20 de agosto de 2010
Palabras releidas. Y tardes perdidas
jueves, 19 de agosto de 2010
Escribir. Y suspender.
Odio muchos olores. La gasolina. El paté. Toda clase de chacina. Me dan puto asco. Arcadas. Pero me pirra el olor a marsella. A mar. A tierra húmeda. A sábanas limpias. A canelones. A cebolla.A hombre elegante. A campo de pinos. A dulce.
Me gusta leer el último párrafo de los libros antes de comenzarlo. Y odio que me destripen las películas a no ser que yo lo pida. Me encanta meterle el dedo en la nariz a la gente. Y que me den abrazos de verdad. Odio los falsos y los flojos.
Lloro con el 90% de las películas Disney. Y con el 95% de las películas que amo.Aunque no sean tristes. Me gusta lo dramático. O eso dice mi hermana Irene. Canciones traumáticas. Películas traumáticas. Me encantan ver películas de miedo con tios que se cagan.Se convierten en películas de humor.
Me encantan los animales. No puedo verlos muertos. De ahí que no sea veterinaria.Prefiero ver a una persona (no conocida,claro). Si,lo sé ¿vale?.Estoy enferma. Deseo la muerte de todos los tiburones. Creo que se parecen a los humanos porque son los únicos que matan por placer. Aunque verlos muertos también me da pena. No creo que existan los perros ni los gatos feos. Odio las lijas. Su tacto y su sonido. Odio a Rosana. A muerte.
Me gusta ponerme linternas en los ojos para ver como se contraen mis pupilas. Y duermo en posiciones distintas en invierno y en verano. En invierno tapada hasta que no pueda moverme. Normalmente boca arriba. Verano de lado. Posición fetal abrazada a mi amada almohada. Odio que no me envuelvan los regalos. Si no están envueltos no los quiero. Puedo dormir en cualquier sitio. No soy de esas que no pueden dormir porque echan de menos su cama o no cagan porque si no es su wc nada. Eso sí, necesito una almohada aceptable para que el sueño sea placentero. No me va dormir por dormir.
Soy adicta a imaginar. Y controlo mis sueños. Puedo reanudarlos y normalmente los recuerdo. A veces no los distingo de la realidad y me dan miedo.Y otras me pregunto mientras sueño porque no estaré soñando algo mejor.Odio la muerte. Y estar sola.En mi casa. En la calle. En cualquier sitio.
Cambio mucho de opinión. Pero hay unos principios que respeto.O lo hacía. Me encanta el azul. En toda su gama. El cielo de día y de noche. Volar en avión y coger trenes. Pero odio los coches y los autobuses. Lo voy superando. Me gusta ser copilota y el asiento de en medio de atrás.No sé montar en bici. Ni patinar. Y nado a lo rana. No me gustan las bromas en el agua. Y me dan asco las algas. También tocar las setas, el queso, el jamón, la charcutería y la carne cruda. No me gusta el deporte. Y podría vivir alimentándome de chocolate y pan. Es mi alternativa a ser vegetariana aunque me pirre la carne. Odio los abrigos de pieles. Y me encanta mirar con cara de asesina a las viejas que los llevan. Odio la tauromaquia. Y a veces a España.
Me encanta el invierno. Las bebidas calientes que sientes por el esófago. Llevar 500 capas de ropa. Las sudaderas. Sentir la cara estirada por el viento frío. Amo y odio a Noviembre. Razones varias.Ponerme negra en verano. Y cumplir años el mismo día que mi madre. Adoro el día de los reyes. Y comerme la cabeza buscando algo único y especial para cada uno. Me vuelvo un moco relleno de ilusión al ver los regalos.
Me gusta que a algunos les encante mi cuarto y otros piensen que soy una niña por él. La gente suele tener una pequeña caja con recuerdos. Para mí esa caja es mi cuarto.Lo adoro.
Me gusta leer el horóscopo. Y que a veces acierte. Me gusta saber los signos del zodiaco de los demás. No creo que sea una chorrada. Me encanta gritar en los conciertos. Y que la gente me mire mal por ser tan agudos. Odio no estar cerca del escenario. Me parece que todo es mentira cuando no los veo a tamaño real.
Cuando bebo meto la lengua en el recipiente. Me encanta poder escribir sin mirar el teclado.
Adoro las cajas de música. Y el ronroneo de mi gata es la mejor melodía. Me encanta besarle la cabeza sintiendo como se mullen sus pelos bajo mi boca. Y dejar mi cabeza enterrada en su barriga.
Como muy rápido. Y odio el picante. Me encanta estrenar las cosas nada más comprarmelas. Salgo a mi madre en lo de novelera.
Cuando me pongo nerviosa me rasco. Y me rasco. Y me convierto en un monstruo. Lo odio. Pero no soy capaz de frenarlo.
En todas las épocas del año me gusta beberme los vasos de un tirón. Sentir esa constante de líquido que me quema o me congela. Puro placer. Aunque tuviera loca a las de la guardería porque creían que me ahogaba.
Aunque nací mediocre no sé por qué me castigaron con espíritu de ambiciosa. Aspiro a lo alto y no llego ni al pie de la montaña. Deseo un diamante. La única razón por la que aceptaría casarme. Me gusta reciclar. Y odio tener que decidir que ponerme cada mañana. Me hace perder tanto tiempo.
Me gusta hacer la tontería exacta para que alguien se ría.Me gustan las tardes tontas que salen mejor que las planeadas. Decir chorradas por teléfono. Y estar a punto de mearme. Tengo diferentes maneras de llorar. Y otras cuantas risas. Llanto seco. Con puchero. Con hiperventilación. Pero siempre con los ojos como tomates.Y si lo hago antes de dormir al día siguiente soy un sapo.Risa sin ruido. Risa de caballo. Risa malvada. Con la boca muy abierta y los ojos muy cerrados.Tumbada suena distinta también. Tengo el anular izquierdo amorfo de escribir. Y mi nariz es menos horrenda porque no está ese lunar. El cepillo de dientes es mi mejor micrófono. Y también la escoba.
Odio los espejos de los probadores de las tiendas. Y mis videoclips favoritos de imitar son los de Pereza. Odio que digan que tengo el pelo y los ojos negros. Mentira. Coca-cola chaval. Aunque para beber prefiero 7up.
Tengo una lista mental de las cosas que tengo que hacer antes de morirme. Y de los sueños de mi vida. Y de los hombres de mi vida. No sé por qué no tengo una de las mujeres de mi vida, la verdad.
No soporto las uñas largas. En mí,claro está. Soy incapaz de sostenerme sobre unos tacones dignos. Y amo los botines. No me gustan mis orejas. Ni los tobillos gordos.
Me gusta ver donde nadie ve. Y percibir cosas que nadie puede. Ver amor donde todos ven negro. Y ver el fin donde todos ven blanco. Me gustan las barbas. Y las manos bonitas. Ver las películas en silencio. Y dormir sobre hombros. Pasar las páginas de los libros. Y su olor cuando son nuevos. Y cuando tienen más años que yo. Los guiños de ojos. Y las caricias de barbilla. Hacer fotos cuando nadie lo espera. O cuando nadie me mira. Ponerme gafas de sol. Soy como los niños. Me creo otra persona. Tocar el pelo de los demás. Intentar tocarme la punta de la nariz con la lengua. La complicidad.Y descubir.
No me gusta cambiarme todos los días de pendientes, anillos y pulseras. Los que están, están. Me gusta quitarme la alianza y leerla. Pensar que hubiera pasado si.. Inventarme caras nuevas para las fotos. Y las notas altas en los exámenes.
Odio tener tan buen gusto para los amigos. Tendré que buscarme unos peores para poder relucir. Brillan tanto. Odio y adoro sus putos dones.
Odio saber que soy la peor de las cuatro. Y odio que me digan que es mentira. Si. Odio las mentiras. Sin embargo forman parte de mi día a día.
Odio ciertas palabras. Ojete. Mojón. Y algunas más cuyos nombres no quiero acordarme.
Me gusta ver que se acuerden de mí. Mensajes. Llamadas. Fotos. Adoro que me extrañen. Y extrañar. Me gusta que me llamen por palabras cariñosas. Pero odio chiqui y gordi. Odio que me digan adiós. Mándame un beso y un corazón.O dime hasta luego.Nunca adiós. Me encantan los peluches. Y que me vayan a echar de mi cuarto. Y las mallas fofas que llevo puestas. Mamá quiere tirarlas pero lucharé por ellas. Adoro despertarme,darme la vuelta mientras estudio y ver que está ahí. Durmiendo, lavándose o mirándome. La cuestión es que respire. Necesito que respire. Y sé que nadie lo comprende. Pero como siempre, me da igual.
Odio haber escrito tanto. Y que sin embargo falta más aún. Si que soy rara. Odio haberte hecho perder el tiempo. Y me gusta que coincidamos en algunas cosas. Y seamos lo contrario en otras.
Y te adoro a ti. Sí. Si estas leyendo todo esto seguro que te adoro.
Dicen que cuando como algo que me gusta saco los morros. Y que a través de mis córneas puedo decir lo que quiera.

Perdóname escorpión porque he pecado. De plagio.
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